El Cid en Burgos

Burgos1
  • TEXTO: Destierro del Cid, Cantar primero, Tirada 4, versos 21-64 (Anónimo: Cantar del Mío Cid).
  • IMÁGENES: Estatua ecuestre del Cid en Burgos, Arco y catedral de Santa María (foto jjferia).

En Burgos; los burgaleses, apenados, les cierran sus puertas por por orden del Rey. Una niña de nueve años y recia voluntad se enfrenta con el humillado Cid a informarle del edicto de prohibición y expulsión del Rey y rogarle que no les hicieran daño. El Cid decide abandonar la ciudad, después de arrodillarse para rezar en la catedral de Santa María, y acampa en las afueras.

CANTAR DEL DESTIERRO (fragmento)

Conbidar le ien de grado,   mas ninguno no osava;
el rey don Alfonsso   tanto avié la grand saña.
Antes de la noche   en Burgos dél entró su carta,
con grand recabdo   e fuertemienrte sellada:
que a mio Çid Ruy Diaz,   que nadi nol’ diessen posada,
e aquel que gela diesse   sopiesse vera palabra
que perderie los averes   e mas los ojos de la cara,
Y aun demás   los cuerpos e las almas.
Grande duelo avien   las yentes cristianas;
ascóndense de mio Çid,   ca nol’ osan dezir nada.
El Campeador   adeliñó a su posada;
así como llegó a la puerta,   fallóla bien çerrada,
por miedo del rey Alfons,   que assí lo pararan:
que si non la quebrantas,   que no gela abriessen nada.
Los de mio Çid   a altas vozes llaman;
los de dentro   no les querien tornar palabra.
Aguijó mio Çid,   a la puerta se llegaua,
sacó el pie del estribera,   una feridal’ daba;
non se abre la puerta,   ca bien era çerrada.
Una niña de nuev años   a ojo se parava.
¡Ya Campeador,   en buen çinxiestes espada!
El rey lo ha vedado,   anoch d’el entró su carta,
con grant recabdo   e fuertemientre sellada.
Non vos osariemos   abrir nin coger por nada;
si non, perderiemos   los averes y las casas,
e aun demás   los ojos de las caras.
Çid, en el nuestro mal   vos non ganades nada,
mas el Criador vos vala   con todas sus vertudes santas.
Esto la niña dixo   e tornós’  pora su casa.
Ya lo vee el Çid   que del rey no avié graçia.
Partiós’ dela puerta,   por Burgos aguijaua,
llegó a Santa María,   luego descavalga,
fincó los inojos,   de coraçón rogava;
La oración fecha,   luego cavalgava.
salió por la puerta    e Arlançón passava.
Cabo Burgos essa villa   en la glera posava
fincava la tienda   e luego descavalgava.
Mio Çid Ruy Diaz,   el que en buena çinxo espada,
posó en la glera,   quando nol’ coge nadi en casa;
derredor d’el   una buena compaña.
Assí posó mio Çid   commo si fosse en montaña.
Vedada l’an compra   dentro en Burgos la casa
de todas cosas   quantas son de vianda;
nol osarién vender   al menos dinarada.

Anónimo:
Cantar del Mío Cid 

Cantar de Mío Cid
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Vivar del Cid

Iglesia de Vivar
  • TEXTO: Cantar del Mío Cid, versos 1-20 (Autor anónimo).
  • IMÁGENES: Iglesia de Vivar y monumento del Cid; castillo y catedral de Burgos (foto jjferia).

El manuscrito conservado se inicia cuando el Cid y sus hombres se disponen para salir apresuradamente de Castilla, pues se acerca el final del plazo impuesto por el rey Alfonso. Tras dejar el pueblo de Vivar, de donde era natural, dejando allí su casa abandonada, el Cid, acompañado de un pequeño grupo de fieles, se dirige a la vecina ciudad de Burgos. Los ciudadanos salen a las ventanas a verlo pasar, dando muestras de su dolor, pero su pena por el héroe no es capaz de hacerles contravenir la orden real que prohíbe hospedar y abastecer al desterrado.

DESTIERRO DEL CID (versos 1-20)

Mio Çid movió de Bivar   para Burgos adeliñado,
assí dexa sus palaçios   yermos e desheredados.

  • 1. Adiós del Cid a Vivar (aquí comienza el manuscrito de Per Abbat)

De los sos ojos tan   fuertemientre llorando,
tornava la cabeça   í estávalos catando.
Vio puertas abiertas   e uços sin cañados,
Alcándaras vazias   sin pielles e sin mantos
e sin falcones   e sin adtores mudados.
Sospiró mio Çid,   ca mucho avié grandes cuidados.
Fabló mio Çid   bien y tan mesurado:
¡Grado a tí, señor padre,   que estás en alto!
Esto me han buelto   mios enemigos malos.

  • 2. Agüeros en el camino de Burgos:

Allí piensan de aguijar,   allí sueltan las riendas.
A la exida de Bivar   oviéron la corneja diestra,
e entrando a Burgos   oviéronla siniestra.
Meçió mio Çid los hombros   y engrameó la tiesta:
¡Albriçia, Álbar Fáñez,   ca echados somos de tierra!
Mas a grand ondra   tornaremos a Castiella.

  • 3. El Cid entra en Burgos

Mio Çid Roy Diaz   por Burgos entróve,
En su conpaña,   sesaenta pendones;
exién lo veer   mugieres y varones,
burgeses y burgesas    por las finiestras sone,
Plorando de los ojos,   tanto avién el dolore.
De las sus bocas   todos dizían una razóne:
¡Dios qué buen vasallo,   si oviesse buen Señore!

Autor anónimo
Cantar del Mío Cid

El destierro del Cid
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Monumento al Cid en Vivar

Versión modernizada por Pedro Salinas:

El Cid sale de Vivar, a Burgos va encaminado,

allí deja sus palacios yermos y desheredados.

Los ojos de Mío Cid mucho llanto van llorando;

hacia atrás vuelve la vista y se quedaba mirándolos.

Vio como estaban las puertas abiertas y sin candados,

vacías quedan las perchas ni con pieles ni con mantos,

sin halcones de cazar y sin azores mudados.

Y habló, como siempre habla, tan justo tan mesurado:

“¡Bendito seas, Dios mío, Padre que estás en lo alto!

Contra mí tramaron esto mis enemigos malvados”.

Ya aguijan a los caballos, ya les soltaron las riendas.

Cuando salen de Vivar ven la corneja a la diestra,

pero al ir a entrar en Burgos la llevaban a su izquierda.

Movió Mío Cid los hombros y sacudió la cabeza:

“¡Ánimo, Állvar Fáñez, ánimo, de nuestra tierra nos echan,

pero cargados de honra hemos de volver a ella! “

Ya por la ciudad de Burgos el Cid Ruy Díaz entró.

Sesenta pendones lleva detrás el Campeador.

Todos salían a verle, niño, mujer y varón,

a las ventanas de Burgos mucha gente se asomó.

¡Cuántos ojos que lloraban de grande que era el dolor!

Y de los labios de todos sale la misma razón:

“¡Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor!”

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Santa Gadea de Burgos

Santa Gadea 3
  • TEXTO: La Jura de Santa Gadea (Romance anónimo, recogido por Ramón Menéndez Pidal).
  • IMÁGENES: Iglesia burgalesa de Santa Águeda (Gadea) y estatua del Cid (foto jjferia).

LA JURA DE SANTA GADEA

En Santa Gadea de Burgos
do juran los hijosdalgo,
allí toma juramento
el Cid al rey castellano,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo.
Las juras eran tan recias
que al buen rey ponen espanto.

—Villanos te maten, rey,
villanos, que no hidalgos;
abarcas traigan calzadas,
que no zapatos con lazo;
traigan capas aguaderas,
no capuces ni tabardos;
con camisones de estopa,
no de holanda ni labrados;
cabalguen en sendas burras,
que no en mulas ni en caballos,
las riendas traigan de cuerda,
no de cueros fogueados;
mátente por las aradas,
no en camino ni en poblado;
con cuchillos cachicuernos,
no con puñales dorados;
sáquente el corazón vivo,
por el derecho costado,
si no dices la verdad
de lo que te es preguntado:
si tú fuiste o consentiste
en la muerte de tu hermano.

Las juras eran tan fuertes
que el rey no las ha otorgado.
Allí habló un caballero
de los suyos más privado:
—Haced la jura, buen rey,
no tengáis de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor,
ni Papa descomulgado.
Jura entonces el buen rey
que en tal nunca se ha hallado.
Después habla contra el Cid
malamente y enojado:
—Mucho me aprietas, Rodrigo,
Cid, muy mal me has conjurado,
mas si hoy me tomas la jura,
después besarás mi mano.
—Aqueso será, buen rey,
como fuer galardonado,
porque allá en cualquier tierra
dan sueldo a los hijosdalgo.
—¡Vete de mis tierras, Cid,
mal caballero probado,
y no me entres más en ellas,
desde este día en un año!
—Que me place —dijo el Cid—.
que me place de buen grado,
por ser la primera cosa
que mandas en tu reinado.
Tú me destierras por uno
yo me destierro por cuatro.

Ya se partía el buen Cid
sin al rey besar la mano;
ya se parte de sus tierras,
de Vivar y sus palacios:
las puertas deja cerradas,
los alamudes echados,
las cadenas deja llenas
de podencos y de galgos;
sólo lleva sus halcones,
los pollos y los mudados.
Con el iban los trescientos
caballeros hijosdalgo;
los unos iban a mula
y los otros a caballo;
todos llevan lanza en puño,
con el hierro acicalado,
y llevan sendas adargas
con borlas de colorado.
Por una ribera arriba
al Cid van acompañando;
acompañándolo iban
mientras él iba cazando.

Anónimo

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