Geografía es amor

servando1

José García Nieto

GEOGRAFÍA ES AMOR

Selección de poemas

ESPAÑA (Dedicatoria)

A mi hijo

Esto que tienes ante ti,
hijo mio, es España,
No podría decirte -yo no puedo,
al menos, con palabras-
cómo es su cuerpo duro,
cómo es su cara trágica,
cómo su azul cintura, extensamente
humedecida y agitada.
Su pecho, recio y de varón, respira
por las altas montañas;
la suave corbatura del regazo,
femenina, se ensancha
hasta la soledad de las arenas
múltiples y doradas;
los brazos de sus ríos acumulan
venas que acercan las gargantas
oscuras o los verdes valles
arrancando la tierra, acariciándola.

Esto que tienes, que tenemos
ahora mismo, es España.
Es mía porque puedo
celosamente amarla,
tocar su piel y estremecerme,
mirarme en ella fijo, cara a cara,
sentirme antiguo, envejecer con ella,
o nuevo cada día y estrenarla.
Es tuya porque puedo
con pasión entregártela,
porque me la he ganado sin fronteras;
sin tener que acotarla,
la he traído a mi voz cuando he querido,
como a una oveja que paciente aguarda
el silbo del pastor.

No hay quien le ponga
puertas, y yo te invito a traspasarlas.
Mira; aprende a mirar con ella, aprende
a acompañarte de ella, acompañándola.
Tierra de andar y comprobar despacio
huidiza de tan delgada,
difícilmente bella de tan sobria,
fina y calladamente regalada;
tierra para escuchar como una música,
para no echársela a la espalda.
Cuando puedas, lo digo desde ahora,
lo escribo desde ahora, por si falta
un día en tus oídos
la fe de mi palabra,
cuando puedas, y tengas el pie firme,
y claro el corazón, y abierta el alma,
sal al camino, cíñete la ropa,
hijo mío, y ándala.

El sol se pone para todos. Mira;
ahora lo está ocultando Guadarrama;
el cielo es como un ópalo, como una
precipitación nacarada;
quedan azules, negras, las tranquilas
honduras de estas navas
que enciende sucesivamente
el racimo esperado de sus casas.
Arriba, las estrellas aparecen
“sin prisas y sin pausas”;
se pierden, numerosos, los senderos
y en la penumbra se unen las montañas.
Gigantesca, se espuma “La Peñota”:
suave “El Montón de Trigo” se destaca;
afila “Siete Picos” en la sombra
su aguda dentellada;
quiebra “La Maliciosa” bruscamente
su plomiza atalaya,
y allí, en su cascarón de ávida nieve,
se hunde Navacerrada.

Esto que ves, que tienes, que te entrego
hijo mío, es España.
Digo y escribo, y puede más su nombre
que la mano y la voz. Es como un agua
que desborda este vaso de mi verso
donde quiero encerrarla.
Bebe, hijo mío, bebe; el trago es tuyo,
tuya es la herencia, tuya la privanza.
Sobradamente te dará en los días
su variedad multiplicada.
Tú podrás elegir, como el que hunde
sus manos en el cofre que guardara
un tesoro con el tiempo acumulado,
la joya deseada.

Deja un día a tus ojos que se pierdan
en la redonda vega de Granada;
junto al silencio de sus torres rojas
oye las fuentes de la Alhambra;
mira Toledo enamorando el Tajo,
el fresco prado hacia la mar cantábrica,
el cielo por los arcos de Segovia,
Ávila en su quietud amurallada,
Sevilla entre jazmines una noche,
Burgos de piedra donde el Cid cabalga,
Cádiz como una nieve mar adentro,
balcón de Tarragona, luz de Málaga,
cúpulas de la nave aragonesa,
orillas de la Huelva aventurada,
minera Asturias con el verde cuello,
Córdoba entre arcangélica y romántica,
Alicante con palmas hacia oriente,
Valladolid con la oración tallada,
coronado León entre los puertos,
Zamora altiva, Huesca pirenaica,
Galicia que la mano de Dios hizo,
rosa sillar nacida en Salamanca,
campos para la flor de Extremadura
donde la encina sin cesar batalla,
Madrid desde el palacio a la pradera,
Barcelona de las Atarazanas,
Valencia de las puertas y los puentes,
Álava señorial, Cuenca encantada,
Bilbao de hierro, Soria junto al frío,
Jaén del olivar, Murcia hortelana,
lejanísima islas de fortuna,
islas de claridad mediterránea…

¿Ves, hijo mío? El vaso se desborda;
deja a tus labios apurar la gracia.
Esta es mi herencia; pudes hacer uso
de ella y proclamarla.
Lo que te doy en buena hora
que en buena hora lo repartas.

 

LÍMITES CONVENCIONALES

España limita al Norte…
¡Arqueros, pronto, apuntad!
Flecha la de Santa Clara,
arco el de San Sebastián.
Al oeste yo te he visto
siempre verde, Portugal,
repartirte el río Tajo
y ensancharlo hasta estallar.
Al Este, Calpe hacia Roma,
antiguo peñón de Ifach.
Y al sur, al sur no lo olvido
aunque no lo vea más:
un león arrodillado
que no come nuestra sal,
un león vuelto de espaldas
que se llama Gibraltar.

 

ENCUENTRO  CON LOS TRES MARES DE ESPAÑA

CANTÁBRICO

Allá en el monte, mi cuna;
cerca del mar y sin verlo;
cerca del mar, y mis ojos,
sombra abajo, tierra adentro,
verdor que casi es el mar,
estrellas las de sus vientos,
olas, sí, entre los castaños:
cerca del mar y tan lejos.
Y tierra abajo, Castilla,
y, surco abajo, los secos
campos, y la tierra sola,
y el agua difícil, y esos
espejismos dando mares
azules entre el romero…
Y un día, el mar. Y la tierra
que terminaba. Y el cielo
casi mar también. Y el sol
que se hundía enrojeciendo.
Un día el mar en el norte
con todo su plomo dentro,
con sus islas navegando
rumbos seguros y quietos,
con sus rocas agresivas
y su corazón de estruendo…
La tierra donde nací
tiene un mar y no lo vemos,
tiene un mar y no lo oímos,
aunque nos golpee inquieto
como no oímos la sangre
del corazón en silencio.

MEDITERRÁNEO
En el este el mar se tiende
como un niño de ojos grandes,
se encuentra en el cielo y no.
deja nunca de mirarse.
Van por sus ojos azules
pasando pájaros, naves,
y vientos que no se sienten
y nombres que no se saben.
Ulises, ciego de luz,
aprieta bien el cordaje
contra sus muñecas. Cantan
de isla en isla vioces fáciles.
En el este tiene el mar
numerosas soledades:
las que dejaron los hombres
diversos al navegarle,
las que dejaron sus islas
rumbo hacia los altamares,
las de las blancas palomas
y las gaviotas unánimes
que se acercan a los ojos
que las miran en la tarde.
El mar del este es un niño
que quiere jugar con alguien.

ATLÁNTICO

Huelva atlántica, te he visto
clara sonora y tendida,
tan el el mar que ya eras
nuncio de la espuma misma.
La Rábida en su silencio,
sola, bautizada, ungida,
desgranaba lentamente
su oración ultramarina.
La tierra se hacía de oro
finísimo en Punta Umbría.
Y tu pecho mineral,
sobre tu estirpe fenicia,
y tus brazos de agua dulce
Tinto, Odiel, -venas rojizas-
se adelantaban al mar
de nuevo como aquel día
para buscarte fronteras
más lejanas, fronterizas,
se adelantaban al mar
por Dios y Santa María.

 

LASTRES
(Asturias) 

Canta el mar a mis pies, canta y resuena,
y dice su mensaje apresurado
hasta escalar la soledad del prado
donde otra playa de verdor se estrena.

Se ve en la hondura el oro de la arena,
la sangre de la ola, en el tejado,
y allá, el azul del cielo, traspasado
por la niebla que al monte se encadena.

Amor del que nací, vuelve y empieza
de nuevo donde surge la belleza
y hace jugoso todo cuanto toca.

Corazón enredado, sal si puedes,
o besa entre los hilos de estas redes
la misma sal de aquella antigua boca.

 

PERLORA DESDE LEJOS
(Asturias)

Perlora, en la distancia, recordarte
es dar al sueño una verdad lejana;
es como oír de nuevo la campana
de aquel mar que florece al golpearte.

Qué fábula, qué magia pudo darte
entre el verdor la gracia ciudadana:
una distinta luz cada ventana,
una lanza el maíz por cualquier parte?

Te pienso aquí y te sé en la tierra mía.
Era una vez… Y nadie me creía.
Pero yo te he tenido, y he tocado

tu piel que bajo el cielo se serena:
aquí, Carranques, dos labios de arena,
allí, Candás, como un navío anclado.

 

TOLEDO, LA ENCARCELADA

Con los ojos cegados de oro
y los pies escondidos en agua,
el balcón, con el sol de la tarde,
sin querer, sin hablar, se asomaba.

La cigüeña, qué quieta en la torre,
y, en lo rojo del monte, las águilas
qué despacio cruzaban el aire…
La ciudad, desde lejos miraba.

No podía salvar tanto puente,
tanto paso de muerte, entre tanta
noche fría por los cigarrales
donde un día cantó la cigarra.

Sólo el río podía, gozando
los más claros dominios del agua,
perseguir lentamente la rosa
de la madrugada.

 

CRISTO DE LA VEGA
(Toledo)

I

Cristo de la Vega,
solo entre los patios,
el brazo tendido
y desenclavado.

Bandera abatida,
tronco de naufragio,
alcotán con plomo,
sol precipitado.

«Padre nuestro que
nos tiendes la mano,
di lo que nos pides,
Señor, para dártelo»

II

Cristo de la Vega.
testigo emplazado,
escudo radiante
y agujereado.

Nota que se arranca
sola del teclado,
fruta que madura
y desprende el árbol.

«El pan nuestro de
cada día, dánoslo
en las descendida
palma de tu mano»

 

CASTILLO DE SAN SERVANDO
(Toledo)

Castillo de San Servando,
sobre los hombros de Alcántara;

vecinal noticia de
Toledo, afuera dorada,

paso-delante de las puertas,
más-allá de las gargantas.

Narciso mirando al río,
flecha en el arco montada.

El Tajo tensa su cuerda
de San Martín a Galiana;

el Tajo bate su honda
para tu piedra almenada;

el Tajo se vuelve cáliz
para la rosa rosada.

Cigarral de rama dura,
millonario de cigarras,

desiertas están tus torres,
vacías tu atalayas,

tus muros llenos de nidos
y ciegas tus barbacanas.

Satélite de Toledo,
isla de Toledo, garza

de Toledo, siempre inmóvil,
sin vuelo, cerca del agua.

 

ACACIAS DEL ZOCODOVER
(Toledo)

Acacias de Zocodover
desiguales y sensitivas,
volvéis ahora en esta tarde
treinta y tres años de mi vida.
Yo escalé entonces estos troncos:
mi niñez puso en vuestra altiva
copa la mano, y hoy os miro
!desde tan lejos!… ¿Quién anida
en vuestras ramas? Otro tiempo
el corazón se me encendía
con el verdor que ahora tenéis,
con el sol que ahora os ilumina.
Acacias de Zocodover,
lúcidas lámparas votivas,
hoy en las naves de mi pecho
la sombra encuentra su guarida,
la noche busca compañera,
la sangre tristemente habita
sus olvidadas arboledas,
sus hondas ciudades perdidas.
¿Quién le dio nombre a aquella plaza?
¿Quién la elevó aquel mediodía?
¿Quién extendió tanto sus muros?
¿Quién puso cielo a su medida?
No; es aquella. Lo he sentido
como se siente el ala fría
del labio que una vez besamos
y en otra boca hoy se aniquila;
lo he sentido como se siente
la memorial mano vacía
donde otra manos sustentaba
sus ardor, donde otra piel se iba
apoyando, buscando formas
que esperaba, que presentía.
Pero no es éste aquel hallazgo
de las cosas, plaza perdida,
dilapidada herencia, sueño
que desemboca en la vigilia.
De los ojos que nos miraron
anhelamos la luz extinta;
de la voz que nos transportaba
perseguimos la melodía;
de los brazos que rodearon
con su agresora nieve tibia
nuestra garganta sin palabras
vemos las columnas caídas.
Así tú, plaza, donde tantas
veces he sido juego, fibra,
carrera, celo, llanto, gozo,
alarma, grito, avance, prisa,
apuesta, dolor de un instante,
duradera aula de la risa,
así tú, plaza, hoy eres otra
y no me conoces, y giras
el carrusel de tus balcones,
mueves tu arena, me derribas
el cielo, y traes todas tus calles
hiriéndome desconocidas.
Pero estas acacias de entonces,
sus hojas menudas y finas,
sus troncos de surcos sabidos,
su sombra justa y recogida,
su leve rumor con el viento
si son gracias que vuelven mías.

Como la mano recupera
sobre otra mano la caricia,
como la boca encuentra el beso
de la boca que enternecía,
como los ojos le responden
a lña pregunta que los mira,
acacias de Zocodover
me habéis dado la bienvenida
y entre vosotras soy el niño
aquel que soñaba y crecía.

 

REENCUENTRO DEL TAJO EN ARANJUEZ

Te vi, río que viera una mañana,
después, mucho después, temblando acaso
como agua presa en el gozado vaso
de la más delicada porcelana.

Sobre la piedra, el cielo, malva, grana,
se iba haciendo frutal en el ocaso.
Y el río, rama, verso, ¡oh, Garcilaso!
deshacía su música cercana.

Distribuyendo, repartiendo notas,
arpas de mármol, brazos de mujeres,
hojas del árbol fácil, confundía…

Río después cantado, rimas, gotas:
Narciso, Apolo; cisne, Hércules, Ceres,
el nombre por la fuente a la armonía.

 

SEGOVIA

(Con San Juan de la Cruz)

«Un pastorcico solo está
penando» a orillas del Eresma.
Suben los chopos de Segovia
hasta la proa marinera.
El corazón le está batiendo
cielos arriba. Y él quisiera,
como el Clamores va pasando,
«pasar los fuertes y fronteras»

«Un pastorcico solo está
penando»; con el cielo sueña;
mira la rosa de Segovia
que en el crepúsculo se enreda;
acaricia un huerto cerrado
con el ala de la estameña,
y, aunque le llamen a oración,
«se olvida entre las azucenas».

«Un pastorcico solo está
penando»; nubes pastorea.
Él está anclado como el barco
de la ciudad, y le navegan
hambre y esperanza de Dios
por el corazón. ¡Quién pudiera,
«para darle a la caza alcance»
sobrevolar arcos de piedra!

Segovia es un ruido de mar,
un caracol que rumorea,
un enorme puente de oro
sobre un arroyo que no cesa.
Desde la Casa de los Picos
hasta la casa de los Ruedas,
señores, clérigos, bufones
-¿desde qué tiempo?- se pasean
«Amable más que la alborada»
la noche sube a las almenas;
los ángeles inalcanzables
tocan su albogue en las estrellas;
«Un pastorcico solo está
penando» a orillas del Eresma.

 

PLAZA DE TURÉGANO

¡Aúpa, adarves, bastiones,
almenas para escuchar,
que en la plaza de Turégano
se ha puesto un ciego a cantar!
En la plaza de Turégano
las casas en vilo están,
sostenidas por columnas
de una delgada unidad.
¡Cuidado, que la marea
del sol las puede alcanzar
para mentir un tesoro
con su efímero caudal!
En la plaza de Turégano
el silencio viene y va;
las espadañas se asoman
sin campanas que tocar
y el torreón se deshace,
pero no hace ruido ya.
Nunca habrá un lienzo como éste
de murallas que cortar,
ni una sombra más callada
ni que apetezca más.
En la plaza de Turégano
las cuerdas tensas están;
el ciego se echa a la espalda
infortunios y cantar:
vida que apenas comprende
y coplas que riman mal;
con su cayado amarillo
se pone a pastorear
un rebaño de hojas lentas
debajo del soportal.

 

BARCO DE ÁVILA

Bajo los arcos del puente
romano, el agua del Tormes,
con las hojas de los chopos,
verde y profunda se pone.

El Barco de Ávila tiene,
arriba un castillo de oro
y abajo un dorado puente.

Bajo los altivos chopos
se pone profunda y verde
el agua, y a veces de oro.

El Barco tiene a lo lejos
de su cintura de agua
el peñón azul de Gredos.

Una puerta en las murallas.
Caminante, echa pie a tierra
para entrar al Barco de Ävila.

Caminante, echa pie a tierra
para pasear la plaza
y rezar luego en su iglesia.

Vuelve después hacia el Tormes,
y pasa el puente,y pregunta;
verás como te responde
el agua
el agua pura y delgada.

El agua delgada y pura
está esperando que vuelvas.
Pasa el puente y le preguntas:

por que Gredos se oscurece,
por qué el río no se para,
por qué el barco no se mueve.

 

ÚLTIMO POEMA PARA LUISA ESTEBAN

(Las Navas del Marqués, Ávila)

Sobre el tiempo, sobre el agua,
sobre el aire de esta sierra
¿qué ha sido de tu memoria,
Luisa Esteban…?

Todo son pasos perdidos,
todo son años y leguas
perdidos; todos son dudas
donde estaba la certeza.

Paisaje mío de ayer,
aventura venidera,
versos con los que llenaba
de fe tu oquedad casera…

¿dónde estáis? -¡ay, ojos ciegos!-,
vuestra realidad ¿cuál era?
sueño es lo que va pasando;
no es sueño lo que se espera.)
Castillo que en estas Navas
oro atesoras en piedra
¿por qué parece que vuelves
de una remota pobreza?

Y esa nube que se extiende
sola en el azul e incierta
¿por qué me busca en los labios
la palabra que no llega?

¿Sabes tú dónde se esconde
ya la canción, Luisa Esteban?
Si todo está igual, si el aire
vivo y fragante nos prueba
que todo es igual ¿quién tiene
la canción? ¿Quién se la lleva?

Dímelo tú.
(Y no me oyes,
como entonces, Luisa Esteban.)

 

ARCO DE MEDINACELI

Donde el Jalón estrecha sus gargantas,
he mirado y te he visto, hermoso puente
para que pase el aire transparente
con todas las estrellas que levantas.

Puerta de la ciudad del cielo ¿cuántas
veces el Cid bajó su altiva frente
por ti amparada? ¡Oh, Roma de repente
que sobre mi Castilla te agigantas!

Soria ya empieza en ti. Voy hacia el Duero.
Puente mis ojos como tú los quiero
para encontrarme en la niñez del río.

Dame el ejemplo tú de tus sillares,
y que al verme de nuevo en los pinares
no se rompa de amor el pecho mío.

 

ASCENSIÓN DE SORIA

Entre el Mirón y el Castillo,
Soria sobre su collado:

pedestal de tierra roja
y San Saturio en lo alto.

Suban hasta el cielo ahora
Santa Bárbara y San Marcos;

suban montañas de frío,
verde joven de los álamos,

antigüedad de la Aduana,
olmos de Antonio Machado;

suban por San Juan de Duero
los capiteles del claustro,

las tracerías de nubes
y los arcos enlazados;

suban por Santo Domingo
ángeles encristalados,

por San Polo las monásticas
plegarias de los templarios,

Por San Juan de Rabanera,
los festones del acanto;

suban los Condes de Gómara
por la torre del palacio,

y a la Casa de los Ríos
suban los Ríos heráldicos.

 

DOS RECUERDOS POR MI PADRE EN SORIA 

I

PADRE SOLO

Tú pescador, tú cazador, por Soria.
No hay mal en estar solo, padre: es bueno.
Estar solo es partir. Dios está lleno
de los solos del mundo. A tu memoria

vueltas de soledad traigo. La noria
sola ha arrancado la palabra al seno
de la tierra, y a veces alzó cieno
por agua, y por metal arrancó escoria.

Pero en la soledad busqué mi puerta
día tras día. Y la tenía abierta
con la guarda de mi ángel, mi demonio.

Ya es tarde para amar la compañía.
Te veo solo, allá, en la Soria fría.
¿Será la soledad mi patrimonio…?

II

SUCESIÓN

Porque una noche un hombre llora y tiene
la amante vecindad de un solo muerto,
y pide el árbol suyo en el desierto,
y solicita ver de dónde viene,

porque no encuentra nada que le llene
su medio corazón al descubierto,
y goza el otro medio en el incierto
tiempo de amor que crea y entretiene,

porque estos son los montes de aquel día,
padre, y aquí tu muerte todavía
vence sobre la vida que me has dado,

sé que pregunto y es la tierra muda,
que soy el hombre yo sin más ayuda
que la de tu ceniza al otro lado.

 

REGRESO A COVALEDA

Quiere mi pecho hacerte, aunque no pueda,
tiempo de ayer, cadena de costumbre,
sueño conmigo ante la erguida lumbre
niña conmigo entre la nieve queda;

hacer que el perro aquél, junto a la rueda
de la carreta, preste mansedumbre
al corazón, y Urbión, desde su cumbre,
traiga el cielo de entonces, Covaleda.

Puebla quieta, nidal del pino verde,
la de la margarita repitiendo
sílabas de la tierra estremecida;

voz de mi voz que lejos se me pierde,
que arriba es río, como tú naciendo
hacia la muerte, oh Duero, hacia la vida.

 

SORIA

Con el libro de Gerardo Diego.

Soria en la lejanía,
y Soria aquí, Gerardo.

Una por mis recuerdos;
otra, por ti, en mis manos.

De tu Soria a la mía,
las de entonces, qué varios

los motivos, los ojos
para mirar, los años…

De tu Soria a la mía,
las de hoy, por qué claros

cuerpos de voz se acerca
lo perdido, lo amado.

Gracias por esta Soria,
por aquella, por tantos

golpes de sangre niña,
por ti recuperados;

gracias por tanta Soria
contigo de la mano.

 

ALMAZÁN 

(Desde el tren)

La nube de oro
cayéndose va
sobre tus oscuras
torres, Almazán.

Ese sol perdido
¿quién lo encontrará?
Sobre tus tejados
no lo veré más,
ni tampoco aquella
paloma torcaz
que te atravesara
te atravesará.

Chopos paralelos,
trigos sin segar,
hilos de la tarde
tejiéndote están.

La tela de Soria
de fino abacá
qué delgado oficio
le impone al telar.

La nube de oro
a rojiza va
sobre tus oscuras
torres, Almazán.

En tus espadañas
¿cómo enhebrará
la rosa del día
su luz matinal?

Soria, tejedora
de un rojo sayal,
con otro sol nuevo
te ensangrentará.

 

CAZA MENOR 

(Recuerdo de Soria)

Estremecidas en el aire,
las formas puras de los pinos
daban alarmas al paisaje.

Hundido el pulso. Yo era un río
como aquel río. Era la hora.
Nos encontrábamos los niños.

Dueña temprana de la sombra,
iba mi mano con el agua:
rosa espejada en otra rosa.

Y en los delirios de  la rama
sin despertar, eran las aves
el corazón de la mañana.

El hombre lleva un rayo oculto;
una pasión sin nombre, el perro.
Yo era aquel río. Hundido el pulso.

¿Quién roba al bosque su sosiego?
Sólo sigilos lleva el hombre;
nace la sombra de su cuerpo.

Algo se rompe. Sí; se rompen
los ojos claros de los niños,
las hojas verdes de los bosques.

Era una luz. Tenía el brillo
de las estrellas que cayeron
muertas, al alba, junto al río.

*  *  *

Iba la sangre por la arena,
por la costumbre de las aguas,
por los cuidados de la hierba.

Todo sería aquella flauta,
aquellas alas de los ángeles
en soledad enajenadas.

Y ahora, el silencio. Quieto el aire.
Volar. Huir. Entre los pinos,
un hombre, un perro, un niño, nadie.

Caza menor. Yo sé de un río…
Mi corazón es aquél pájaro,
tempranamente malherido.

 

A ORILLAS DEL DUERO

En esta orilla donde, niño, sientes
tu más claro nacer, tu origen frío,
la nevada caricia de tus fuentes,

ancha vena de España, mi alto río,
tu clara voz en mi garganta quiero,
tu propio corazón, dentro del mío.

Rondas de pinos traen de tu venero
un santo y seña de oro castellano
a los álamos verdes de Salduero;

a las tierras de un día de verano
traes tu brazo de amor que va creciendo,
soñándose en el mar su abierta mano,

y vas nubes y estrellas repitiendo,
alegrando la sombra en la arboleda,
la tierra dulcemente dividiendo.

Cuando todo es silencio en Soria, queda
tu sangre rumorosa entre los hielos
que bajas desde Urbión a Covaleda.

Sobre ti van los hombres y los cielos;
contigo, peregrina, va Castilla;
contigo van los surcos y los vuelos.

Si pájaros anidan en tu orilla,
brazos hay que levantan su morada
con paredes jugosas de tu arcilla.
Duero de la montaña y la llanada,
Duero de la oración y del sosiego,
Duero de la alta voz precipitada,

en esta vecindad mi alma te entrego,
y a tus ojos de luz madrugadora
doy mi pobre mirar, mi paso ciego.

Yo sé que con la antorcha de una aurora,
mayor de edad y en puertas lusitanas
te han de besar las torres de Zamora.

Ya no llaman a guerra tus campanas:
tu espada, que otro tiempo dividía
a las gentes en moras y cristianas,

hoy es bajo este sol del mediodía
una lengua que lleva mansamente
por Castilla y León su melodía,

un cristal renovado y permanente
donde la tierra sin cesar se asoma,
donde se entrega sin dudar la fuente…

A Urbión le cubre un pecho de paloma;
deshecho en ti se vuelve mensajero,
al mar diciendo va, de loma en loma,

que en hombros del amor se acerca el Duero.

 

VIRGEN DE REVENGA

(Burgos)

Dama de altos verdes,
Virgen de Revenga,
la gracia del trigo
cómo campanea
prendida a tu manto
y haciendo la rueda.
Ese pan que luces
-cereal presea-
oros y esmeraldas
resume, recuerda…
Paloma del frío,
Virgen de Revenga
¿te mecen las andas
que los hombros llevan,
o esas ramas graves
que su comba acercan,
o las blancas nubes,
o el viento que llega
después de saltarse
la Laguna Negra?
Crisol fronterizo,
Virgen de Revenga,
camelia soriana,
dalia burgalesa,
fuentes del Arlanza
plegarias te acercan,
Urbión con sus labios
de nieve te reza;
mozos a caballo
con la ropa negra,
mozas con mantilla
de paño cubiertas,
vienen de Cidones,
vienen de Vinuesa,
vienen de Salduero
y de Covaleda…
De Burgos a Soria
salta una moneda,
cara o cruz que al aire
del fervor te juega,
garza de los pueblos
que el Duero recrea,
dama de la torre
donde la cigüeña
mucho antes de tiempo
trae la primavera.

 

LAS SACRAMENTALES DESDE EL SEMINARIO

(Madrid)

Apenas ya te miro, ciudad mía,
de tanto andar y envejecer contigo,
de tanto ser tu descuidado amigo,
de tanto comprobarte cada día.

estás ahora a mi espalda, y todavía
te quiero más allá, más te persigo,
y hoy te sorprendo aquí, quieta conmigo
en la tarde de otoño larga y fría.

No; no eres tú sonando ciudadana,
no eres la de la luz de la mañana
como un vaso de fuego derramado;

eres la que ahora baja lentamente
al río de la antigua y breve fuente
para ganar la muerte al otro lado.

 

PLAZA MAYOR

(Madrid)

Plaza Mayor, bogando a la deriva;
el soportal, una sentina oscura,
y ávidas nubes en la arboladura
de tus torres iguales, cielo arriba.

Pero bien sé que el tiempo te cautiva,
vientos te niega y miedos te procura,
que en una cárcel de cristal madura
tu soledad frutal y sucesiva.

Ay mi corazón: pieza cercada,
quiere elevar la sangre liberada
de su constante alrededor de nieve.

Fruta sin viaje al labio deseado
viento lejos soñando enamorado,
y siempre la esperanza, y quien se atreve…

 

PARQUE DEL OESTE

(Madrid)

¡No recuerdas, camino serpeante,
la rama que a su paso se movía?
¿y mi pregunta alzada en mediodía
de oro? ¿Y su respuesta vacilante…?

Un árbol era entre el verdor cambiante
de los árboles: nidos acogía,
savia alcazaba, sombra perseguía;
tuve el agua a mis pies, la flor delante.

Pasó luego la muerte y fui deshecho
como tú, y la ceniza de mi pecho
quiso volver de nuevo a lo que era.

¿Somos aquello?, dime. Oh, tiempo breve.
Y, sin embargo, el corazón se atreve
cien veces a intentar la primavera.

 

DOS DE MAYO EN EL PRADO

(Madrid)

Magnolios que hoy brilláis, fuentes del Prado,
Apolo, donde el agua sucesiva
hace hermosa a la piedra y la cautiva
en cárceles de luz, yo os he pensado

en otra soledad y otro cuidado,
en otro instante en que la entraña viva
de Madrid era sangre fugitiva
y aquí extendió su río acongojado.

¿Cómo serías, mayo de heroísmo,
mayo cortado en flor sobre ti mismo,
trenzando con heridas los laureles?

Mayo del Prado, triste cual ninguno:
delfines asombrados de Neptuno,
espigas abatidas de Cibeles.

 

JARDÍN BOTÁNICO

(Invierno-Madrid)

Tras de la verja, húmeda y fría,
en el silencio de la tarde,
miro esas ramas, y ellas miran
el alma quieta de la calle.

Troncos o cuerpos resbalados
por labios de un agua fragante
que besa y dice lentamente
su madrigal indescifrable.

El peso dulce de los nidos
y los verdores anhelantes
vienen por un sendero oculto
que todavía no ve nadie.

¿Sois más que el hombre? ¿O como el hombre
subís hacia otras claridades?
¿mantenidos en vuestro invierno,
detrás de las noches iguales?

Volverá a ser abril un día,
y volverá la flor al aire.
Quisiera el hombre ser a veces
un árbol más entre los árboles.

 

PINAR DE CHAMARTÍN

I

Ojos mios, paseado corazón, tened cuidado

 

CÁCERES

Entre adarves, callejas y palacios,

 

CIGÜEÑAS SOBRE EL ACUEDUCTO DE MÉRIDA

¿Era el verano ya…? Ricas, ingentes

 

MONUMENTO A BÉCQUER

(Parque de María Luisa. Sevilla)

 

Todo podrá ser así un día,

todo como ahora en esta mañana tibia

 

CRISTO DE LOS FAROLES
(Plaza de Capuchinos. Córdoba)

La cal es un sudario que parece
amortajar la Córdoba más viva
bajo la luna, porque Dios, arriba,
muerto todas las noches aparece.

Denso, el silencio de la calle ofrece
su homenaje al Señor y, sensitiva,
la luz que en la corola está cautiva
es más medrosa cuanto más florece.

Tallos, lianas, hiedras que se elevan,
quieren llegar al pecho. Sinuosos,
llevan sangre de los afluentes.

Que arriba están los ríos más hermosos
abiertos ya para que todos beban
la claridad eterna de sus fuentes.

 

CRUCERO EN LAS RÍAS

(Galicia)

Quién pudiera, Señor, serenamente,
alzarse y escalar todos los días
tus pies, como este pecho de las rías
que sube a Ti, y se acerca, y no se siente.
Quién pudiera en el mar dejar la fuente
de la sangre, y copiar las melodías
de oro y las tardes malvas… Tú pondrías
lo demás: una piedra solamente.
Una piedra que acata la dulzura
con que la hiere el agua, y que procura
que su señal nos sirva de esperanza.
Oh; ser el mar y descender cantando,
y llevarte en los ojos, renovando
la sal que te desea y no te alcanza.

 

GALICIA BAJO LA LLUVIA

(Canto por Rosalía)

Llueve… Susurra el agua al Noroeste;

 

ORENSE

Orense es una forma de delgadez. Las aguas

 

LA MALICIOSA

Más alta que la nube tu cimera
corona, rosa pétrea, «Maliciosa»,
más alta que la nube y más hermosa,
más lllovida del cielo en primavera.

Si no eres tú la rosa verdadera
de la tierra, podrías ser la rosa
del aire. ¿Oh, no sería tan valiosa
la rosa ni sería tan primera!

Porque yo que te admiro diariamente,
que bebo con mis ojos de tu fuente
alta y eterna y sin cesar manando,

sé que prolongarás mi tiempo breve
surgiendo rosa nueva de la nieve
cuando yo ya no pueda estar mirando.

 

RÍO GUADARRAMA

Sentado al borde del agua,

 

MEDIODÍA EN LA CIMA

¿Te llega bien desde aquí
mi oración, Señor? Estamos
solos los dos. Nos miramos,
pero Tú no me ves a mí

mejor. Yo, ciego, persigo
aquella nube, aquel prado,
aquel camino dorado
por si me encuentro contigo.

He subido al mediodía
escalas del Guadarrama
para arder en esa llama
donde arde el monte. Tenía

una palabra en la boca
para decir, pero aquí
me la están diciendo a mí
labios mudos de la roca.

Ya soy silencio, Señor,
en la montaña también,
piedra dejándose, bien
hallada forma de amor.

 

ESPAÑA DULCINEA

En un lugar de España, cuyo nombre
no hace falta decir, porque la llama
cuando la enciende el corazón del hombre
en él se oculta y muda se proclama,
en un lugar que acaso
nació en el verso y fue con la sorpresa
tiempo para la voz de Garcilaso
o fe para el impulso de Teresa,
en un lugar donde la mies recrea
cada herida del sol prometedora,
¿te he visto o te he creado, mi señora,
mi siempre bien llevada Dulcinea…?
En un lugar… Quiero acordarme… quiero
soñar dónde encontré la maravilla…
¿Fue en la boca del Urbión, diciendo: “Duero”,
o en el Guadalquivir, diciendo: “Espero
que conozcas Sevilla…”?
En un lugar de ti, mi España toda,
me llamaste, me urgiste
para cantar; la noche de mi boda
en claridad eterna la volviste.
Amarte fue creer en un instante,
luchar por descubrirte cada día,
andar con Rocinante
la tierra palpitante
que repite tu antigua melodía…
Eras extensa, y grave, y silenciosa,
con todo el oro del cabello ardiendo
o con el labio de la rija rosa
en un verdor de pronto apareciendo;
con la cintura de aquel valle umbrío,
con la espalda del mar hecho ya arena,
o la piel de la piedra que el río
hunde la miel y exalta la azucena,
Te he visto en ti misma hablo y te encuentro;
mi voz por ti a tu labio se adelanta,
mi palabra de amor tiene su centro
oculto en tu garganta.
Mi corazón, mal caballero andante,
apenas puede con su hambriento empeño,
con su antigua costumbre alucinante
de darle vida al sueño.
¡Vamos, vamos de prisa, Rocinante!
Poblemos de pasión sus soledades;
sea siempre en sus ojos primavera,
aunque su realidad sea quimera
o aunque esté yo inventando sus verdades…
Tierra esquiva que apenas favoreces
el cuidado y la sed de cada día,
que, difícil, te escondes o te creces
a veces junto al mar un mediodía,
o entre pinos con la luna a veces.
“De muy buen parecer”, mi labradora,
cuántos surcos nos quedan por ganarte,
cuánta perdida hora
por no saber del todo enamorarte.
Pero mi corazón es buen testigo
de que eres quien espero y quien me espera
“ahilando perlas o ahechando trigo”,
mi amante verdadera…
A ciegas te conozco. Y te he mirado
un día. Sí; te he visto a la ventana,
con el pañuelo al aire y agitado.
Otro día, en la sombra te he seguido
y eras como una reina en la besana:
tu pelo, una elevada barbacana;
una piña apretada, un ascua viva,
tu cuerpo en el vestido…
Te amé por tu mirada honda y altiva,
por la luz que ponía en tu cabeza
la claridad de Dios definitiva
cuando andabas serena sobre el lodo;
te amé por tu valor y tu pobreza,
te amé por tu ternura y fortaleza,
pero te amé por mía sobre todo.
Por eso quiero que tu nombre sea
una estrella en mi frente, una llamada
para hacerte mejor con cada día,
callada Dulcinea,
callado tiempo, música callada
que aloja el alma y desde allí me guía…
Como tienes mi vida por delante,
tendrás luego mis huesos calcinados.
¡Vamos, vamos de prisa, Rocinante,
que está sola mi amante,
entre desentendidos y olvidados!
Si a veces caes, no eres así;
me engaña un mundo que envilece cuanto toca;
oculta enamorada, niña España,
no dejes que mi boca
pueda un día negarte.
Aunque haya quien te crea
perdida por amor en cualquier parte,
yo sabré recobrarte
de nuevo con amor, mi Dulcinea.
Yo te conoceré por la pisada
y tú me llamarás si me extravío;
veré tu cuello alzándose en Granada,
tus ojos en Toledo junto al río,
tu pie pisando espumas en Levante,
tu mano en la Galicia remadora…
¡Vamos, vamos de prisa, Rocinante!
Es la del alba ahora,
y es mucho lo que queda
para que yo conozca a mi señora…
¿O no está allí, ni aquí…? ¿No habrá quien pueda
llevarle este recado…?
Sanchos, no me mintáis. Ella me aguarda.
¿Le leísteis mi carta con cuidado…?
Al decirle mi nombre ¿se ha asomado
al balcón de su alcázar o a la barda
de su corral…? Señora, tú me esperas,
y sé que en tu tarea tejedora
aquella tela que en la noche hicieras
vuelves a deshacerla con la aurora.
Aunque es telar difícil el del sueño
y busques al hidalgo y no lo halles,
se cruzarán los hilos de mi empeño
para que en tu esperanza no desmayes.
Yo sé que tú me amas
tanto como me esperas,
que en mi pecho te escondes y me llamas
a todas las posibles primaveras…
En un lugar, en un lugar, un día…
¿Era en la alta montaña…?
¿Era en la dilatada Andalucía…?
Cuando habla el corazón nunca se engaña:
aquí estaba mi España Dulcinea,
aunque haya quien no crea
que, como Dulcinea, existe España.
¡Vamos. mi Rocinante, aprisa, aprisa;
mi humilde. fiel y acostumbrado amigo,
triunfa de la pereza y de la risa
y acércate a la orilla deseada,
cabalgando conmigo!
Ella espera. ¿Verdad, mi enamorada…?
¿Dónde estoy…? ¿Dónde estás…? Te encontraremos.
Mudos para gritar nos quedaremos
a fuerza de llamarte,
y si es preciso nos azotaremos
para desencantarte.

 

NUEVA MEDITACIÓN DEL ESCORIAL

 

Fue una mañana con la nieve…

El Guadarrama enternecía

 

 

POEMA, VOLANDO, A EDUARDO CARRANZA

 

Estoy volando sobre España, Eduardo

 

BUSCAR EN LA BIBLIOTECA: GEOGRAFÍA ES AMOR (José García Nieto)

Castillo de San Servando
VOLVER
Anuncios

Comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s