Riberas del Eresma

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  • IMÁGENES: Segovia: Estatua de Machado y alameda del Eresma con vistas del Alcázar, Catedral e iglesia de la Vera Cruz (foto jjferia).
  • TEXTOS: El milagro (Antonio Machado: Poesías completas, Cancionero apócrifo, CXXXIV) ¤ La alcoba de don Antonio (Camilo José Cela: Judíos, moros y cristianos).

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LA ALCOBA DE DON ANTONIO

Desde la plaza de San Esteban, el vagabundo se mete por un callejoncillo sombrío y pino, frío y mal empedrado, que guarda la memoria del paso de Antonio Machado por la ciudad. En el número 11 de la cale de los Desamparados, que en tiempo se llamó con el nombre, no más suave, de callejón de los Azotados, a la derecha según se sube, y pared por medio de un antiguo asilo de ancianos desamparados, hoy convento de monjas, y tras una cancela y un patio húmedo y estrecho, estuvo la entrada, ya cerrada a cal y canto, de la casa de huéspedes donde vivió el poeta, a siete pesetas diarias, durante trece años, en sus idas y venidas a Madrid. Ahora se entra por Vallejo, número 2.

La alcoba de don Antonio, casi una celda de fraile pobre, es modesta y baja de techo, ruin de proporciones y desangelada. La alcoba de don Antonio está al fondo de la casa y a la parte de atrás. La alcoba de don Antonio se conserva tal como él la vivió, con su cama de hierro, su mesa de tabla, su papelera de alambre, su cómoda negra, su silla, su bombilla y su tulipa colgando del cordón de la luz. La alcoba de don Antonio guarda también el aguamanil y el espejo que él compró para lavarse la cara y peinarse el pelo de la cabeza. La alcoba de don Antonio se calentaba con una estufa de petróleo, que ahí sigue, que también salió de su sueldo de profesor con poco dinero; don Antonio habla de su estufa en una carta que publicó Concha Espina. Lo único noble de la alcoba de don Antonio es su balcón, que cae, por encima de los tejados de la ciudad, del río Eresma y de la Vera Cruz, sobre las peladas cuestas de la Lastrilla, que se ve al fondo. Al lado de la alcoba de don Antonio, vivía un don Avelino a quien el poeta arrullaba, noche tras noche, leyéndole versos en voz alta hasta que se dormía […]

El vagamundo, a quien se le va el día mirando por la ventana de don Antonio, pide permiso para quedarse aquella noche en la casa de huéspedes, en cualquier rincón.

—Usted lo tiene.

―Gracias, señora.

Camilo José Cela (1916-2002): Judíos, moros y cristianos.

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Iglesia de Santa Cruz y alcázar de Segovia en las riberas del río Eresma a su paso por Segovia (foto jjferia)
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Catedral de Segovia y muralla (foto jjferia).

EL MILAGRO      

En Segovia, una tarde, de paseo
por la alameda que el Eresma baña,
para leer mi Biblia
eché mano al estuche de las gafas
en busca de ese andamio de mis ojos,
mi volado balcón de la mirada.
Abrí el estuche con el gesto firme
y doctoral de quien se dice: Aguarda,
y ahora verás si veo…
Abrí el estuche, pero dentro: nada;
“point de lunettes”… ¿Huyeron? Juraría
que algo brilló cuando la negra tapa
abrí el diminuto
ataúd de bolsillo, y que volaban
huyendo de su encierro,
cual mariposa de cristal, mis gafas.
El libro bajo el brazo,
la orfandad de mis ojos paseaba
pensando: hasta las cosas que dejamos
muertas de risa en casa
tienen su doble donde estar debieran
o es un acto de fe toda mirada.

Antonio Machado (1875-1936): Cancionero apócrifo – CXXXIV

Poesías completas
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Segovia3
Monumento estatua de Antonio Machado en la Plaza Mayor de Segovia (foto jjferia).

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Soria pura

Audiencia 2
  • TEXTO: Campos de Soria IV (Antonio Machado: Campos de Castilla).
  • IMÁGENES: Escudo de Soria, palacio de la Audiencia en la Plaza Mayor, río Duero y murallas (foto jjferia).

SORIA  PURA
VI

¡Soria fría, Soria pura,
cabeza de Extremadura,
con su castillo guerrero
arruinado, sobre el Duero;
con sus murallas roídas
y sus casas denegridas!
¡Muerta ciudad de señores
soldados o cazadores;
de portales con escudos
de cien linajes hidalgos,
y de famélicos galgos,
de galgos flacos y agudos,
que pululan
por las sórdidas callejas,
y a la medianoche ululan,
cuando graznan las cornejas!
¡Soria fría!  La campana
de la Audiencia da la una.
Soria, ciudad castellana
¡tan bella! bajo la luna.

Antonio Machado:
Campos de Castilla

Antonio Machado
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Aula de Machado

Aula 2
  • TEXTOS: Recuerdo infantil (Antonio Machado: Soledades).
  • IMÁGENES: Instituto Antonio Machado de Soria: Fachada, esculturas del poeta y aula donde impartió clases (foto jjferia).

RECUERDO INFANTIL

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.

Antonio Machado (1875-1936):
Soledades (V)

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Aula 2

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Olmo seco

Olmo 3
  • TEXTO: A un olmo seco (Antonio Machado: Campos de Castilla).
  • IMÁGENES: El olmo seco en la plaza de la iglesia de Nuestra Señora del Espino, escultura de Negrín cerca de San Polo  y estatua de Leonor (jjferia).

A UN OLMO SECO

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Antonio Machado:
Campo de Castilla

A un olmo seco
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Cerro del Mirón

Lo que la muerte ha roto

Antonio Machado: Campos de Castilla


IMÁGENES: Ermita y Monumento al poeta y su esposa en el cerro del Mirón, estatuas de Antonio Machado y de Leonor en Soria (Foto jjferia).

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Antonio se consagra al cuidado de su esposa gravemente enferma y alquila una casita en el paseo de la ermita del Mirón ya que para que su recuperación le recomiendan aire puro. Todos los días se les ve a los dos en el paseo hacia la Ermita, en una imagen definida, por muchos, como de una enorme tristeza y patetismo. Tras la muerte de Leonor, Machado escribe versos en los que está presente el recuerdo dolorido de ella (“lo que yo más quería”).

EN ESPERANZA DE ELLA

CXIX
Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

CXX
Dice la esperanza: un día
la verás, si bien esperas.
Dice la desesperanza:
sólo tu amargura es ella.
Late corazón, no todo
se lo ha tragado la tierra.

CXXI
Allá en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños…
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.

CXXII
Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!…
Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!

CXXIII
Una noche de verano
—estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa—
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
—ni siquiera me miró—,
con unos dedos muy finos,
algo muy tenue rompió
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón,
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!

CXXIV
Al borrarse la nieve, se alejaron
los montes de la sierra.
la vega ha verdecido
al sol de abril, la vega
tiene la verde llama,
la vida, que no pesa;
y piensa el alma en una mariposa,
atlas del mundo, y sueña.
Con el ciruelo en flor y el campo verde,
con el glauco vapor de la ribera,
en torno de las ramas,
con las primeras zarzas que blanquean,
con este dulce soplo
que triunfa de la muerte y de la piedra,
esta amargura que me ahoga fluye
en esperanza de Ella…

Antonio Machado (1875-1936): Campos de Castilla (CXIX – CXXIV)

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Antonio se consagra al cuidado de su esposa gravemente enferma y alquila una casita en el paseo de la ermita del Mirón ya que para que su recuperación le recomiendan aire puro. Todos los días se les ve a los dos en el paseo hacia la Ermita, en una imagen definida, por muchos, como de una enorme tristeza y patetismo

Foto de boda de Antonio Machado y de Leonor Izquierdo

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Orillas del Duero

Álamos 4

ORILLAS DEL DUERO

Antonio Machado: Soledades. Campos de Castilla


IMÁGENES (foto jjferia):

El río Duero a su paso por Soria entre las ermitas de San Polo y San Saturio

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ORILLAS DEL DUERO

Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario.
Girando en torno a la torre y al caserón solitario,
ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno
de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno.

Es una tibia mañana.
El sol calienta un poquito la pobre tierra soriana.

Pasados los verdes pinos,
casi azules, primavera
se ve brotar en los finos
chopos de la carretera
y del río. El Duero corre,terso y mudo, mansamente.
El campo parece, más que joven, adolescente.

Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido,
azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido,
y mística primavera !

¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera,
espuma de la montaña
ante la azul lejanía,
sol del día, claro día !
¡Hermosa tierra de España !

Antonio Machado: Soledades (IX)

RIBERA DEL DUERO

Campos de Soria (VIII)

He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria —barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra—.
Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!

Antonio Machado (1975-1939): Campos de Castilla

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ÁLBUM DE FOTOS (flickr):
Río Duero, río Duero

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Laguna Negra

LEER EL PAISAJE

LA TIERRA DE ALVARGONZÁLEZ

Antonio Machado: Campos de Castilla


IMÁGENES (foto jjferia):

Laguna Negra en la sierra de los Picos de Urbión al norte de la provincia de Soria

A la otra orilla del Duero
canta una voz lastimera:
“La tierra de Alvargonzález
se colmará de riqueza,
y el que la tierra ha labrado
no duerme bajo la tierra”.

LA TIERRA DE ALVARGONZÁLEZ

(Fragmento)

Feliz vivió Alvargonzález
en el amor de su tierra.
Naciéronle tres varones,
que en el campo son riqueza,
y, ya crecidos, los puso,
uno a cultivar la huerta,
otro a cuidar los merinos,
y dio el menor a la Iglesia.

Mucha sangre de Caín
tiene la gente labriega,
y en el hogar campesino
armó la envidia pelea.

[…]

Sobre los campos desnudos,
la luna llena manchada
de un arrebol purpurino,
enorme globo, asomaba.
Los hijos de Alvargonzález
silenciosos caminaban,
y han visto al padre dormido
junto de la fuente clara.

Tiene el padre entre las cejas
un ceño que le aborrasca
el rostro, un tachón sombrío
como la huella de un hacha.
Soñando está con sus hijos,
que sus hijos lo apuñalan;
y cuando despierta mira
que es cierto lo que soñaba.

A la vera de la fuente
quedó Alvargonzález muerto.
Tiene cuatro puñaladas
entre el costado y el pecho,
por donde la sangre brota,
más un hachazo en el cuello.
Cuenta la hazaña del campo
el agua clara corriendo,
mientras los dos asesinos
huyen hacia los hayedos.
Hasta la Laguna Negra,
bajo las fuentes del Duero,
llevan el muerto, dejando
detrás un rastro sangriento,
y en la laguna sin fondo,
que guarda bien los secretos,
con una piedra amarrada
a los pies, tumba le dieron.

Se encontró junto a la fuente
la manta de Alvargonzález,
y, camino del hayedo,
se vio un reguero de sangre.
Nadie de la aldea ha osado
a la laguna acercarse,
y el sondarla inútil fuera,
que es la laguna insondable.
Un buhonero, que cruzaba
aquellas tierras errante,
fue en Dauria acusado, preso
y muerto en garrote infame.

Pasados algunos meses,
la madre murió de pena.
Los que muerta la encontraron
dicen que las manos yertas
sobre su rostro tenía,
oculto el rostro con ellas.

Los hijos de Alvargonzález
ya tienen majada y huerta,
campos de trigo y centeno
y prados de fina hierba;
en el olmo viejo, hendido
por el rayo, la colmena,
dos yuntas para el arado,
un mastín y mil ovejas.

[…]

Llegaron los asesinos
hasta la Laguna Negra,
agua transparente y muda
que enorme muro de piedra,
donde los buitres anidan
y el eco duerme, rodea;
agua clara donde beben
las águilas de la sierra,
donde el jabalí del monte
y el ciervo y el corzo abrevan;
agua pura y silenciosa
que copia cosas eternas;
agua impasible que guarda
en su seno las estrellas.
¡Padre!, gritaron; al fondo
de la laguna serena
cayeron, y el eco ¡padre!
repitió de peña en peña.

Antonio Machado:
Campos de Castilla

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Villa de las siete puertas

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  • TEXTO: La villa de las siete puertas (Camilo José Cela: Judíos, moros y cristianos) – Cancionero apócrifo (Lope Robledo, eterónimo de Antonio Machado).
  • IMÁGENES: Iglesia del Salvador, Plaza de España y vista general de Sepúlveda desde el páramo (foto jjferia).

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El emplazamiento de la iglesia sobre la ciudad es admirable (foto jjferia)

LA VILLA DE LAS SIETE PUERTAS

El vagabundo entra en Sepúlveda por el barrio de Santa Cruz, que está a la orilla derecha derecha del Duratón, en el camino  que va hasta Borceguillas.

Sepúlveda, mirada desde donde se la mire, tiene un aire vetusto y noble, guerrero y medieval, con algo de Toledo, desde lejos: quizás su situación: algo de Cuenca, desde cerca: es posible que subiendo la pina ladera como cabras, y algo de Santillana del Mar desde dentro: quién sabe si su profusa heráldica.

La mejor Sepúlveda es la que queda dentro de las murallas o, mejor dicho, la que en tiempos quedó, ya que hoy las murallas son poco más que un recuerdo. A Sepúlveda se entraba por siete puertas: la de la Villa, la del Río, la de Duruelo, la de Castro o de Sopeña, la de la Fuerza, la del Torno o del Postiguillo y la del Ecce-Homo o del Azogue. Sepúlveda llegó a tener quince iglesias parroquiales de las que solo quedan tres: la de Santa María de la Peña, patrona de la villa, de traza románica, a la que fueron agregadas las de Santo Domingo y de San Millán; la de Santiago, que se tragó a las de San esteban, San Andrés y San Juan, y la de San Bartolomé, en el arrabal, que absorbió a la de San Gil. Fueron suprimidas cuatro parroquias, la del Salvador, con su bella arcada románica, la de San Justo, con sus nobles enterramientos, la de San Martín, la de Santa Eulalia, la de San Pedro y la de San Sebastián. En el arrabal de Santa Cruz, está la ermita de San Marcos.

El castillo de sepúlveda está en medio del pueblo y detrás de la Plaza Mayor y, aunque ruinoso, todavía conserva esbelta y fuerte la silueta. Esta Plaza Mayor, con el castillo al fondo, la pintaron Solana y Zuloaga en sus lienzos de toros. El castillo, a lo lejos, también se ve en el cuadro Mujeres de Sepúlveda, de don Ignacio.

Camilo José Cela (1916-2002): Judíos, moros y cristianos.

Sepúlveda4
Castillo e iglesia del Salvador desde la Plaza de España (foto jjferia).

Tiene el pueblo siete llaves

para siete puertas.

Son siete puertas al campo,

la siete abiertas.

Antonio Machado: Cancinero apócrifo

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Sepúlveda3
Iglesia románica del Salvador en el altozano (foto jjferia)

SEPÚLVEDA: LA VILLA

Sepúlveda es el encuentro de mayor importancia artística y ambiental que tendremos en esta parte de nuestro viaje. Para empezar está el espectáculo sorprendente de su aparición en un foso del páramo y a caballo sobre el serrijón intermedio que erosionan y adornan con verdores insólitos el Duratón y el Castilla. Las hoces de estos ríos riegan, en efecto, unos huertecillos entre paredes altas rugosas, perforadas a los lados de Sepúlveda. No faltan fantasías.

Donde el serrijón acaba y los ríos se juntan, un altozano imita la forma de una silla de montar. El caserío cubre y oculta su jumento calcáreo y desde lo alto del páramo se le ve de una vez, reunido en el espacio que aún limitan en parte sus viejas murallas, hermoso en su vetustez abigarrada, todo en un mismo color de ocre rosa empolvado.

La entrada es por una revuelta muy pina. Se pasa un arco y se llega a la plaza, que es irregular y extraordinaria. El castillo es de una extravagancia estupenda. Delante, una fachada sencilla, del seiscientos, con balconaje y escudo sobremontado por el reloj. Encima los tres cubos redondos, decrépitos, con una espadaña sobre el central que casi siempre lleva un nido de cigüeña encima y una solana rústica a la izquierda. El resto de la plaza es caserío con soportales, con un juego de casonas y torres asomando por el fondo y con la sierra apareciendo por encima. En ese extremo, y al cabo de una escalinata, se ve, la iglesia de San Bartolomé, que aún conserva un bonito y pequeño ábside románico, con sus columnas de refuerzos y sus impostas y canecillos de labra muy simple. Las calles son laberínticas pero es fácil encontrar las cuatro joyas románicas en cuya busca iremos viendo unas cuantas fachadas buenas, de arquitectura noble, una de las cuales, vecina a la iglesia de Santiago, es de estupenda sillería y preciosos volumen.

La iglesia del Salvador está en alto, destacándose, desde el plinto de la torre, sobre el caserío. El ábside se levanta sobre una base que se diría más antigua y a partir de ella suben las columnas de apoyo, interrumpidas por una imposta que entra bajo el arranque de los arcos de ventanas. A la derecha, un cuerpo adicional esconde una parte del ábside. La torre se levanta cuadrada, sólida, con sus caras limpias de adorno. La galería se abre al Sur y tuvo seguramente codo por la fachada occidental. La que vemos es de ocho arcos por grupos de dos, separados los arcos por columnas dobles y los grupos por pilastras prismáticas. El interior es de una nave muy sencilla, con bóveda de cañón sobre pilastras apoyadas. El emplazamiento de la iglesia sobre la ciudad es admirable…

Dionisio Ridruejo (1912-1975): Segovia (Castilla la Vieja)

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Panorámica del caserío de la ciudad desde lo alto del páramo (foto jjferia).

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Campo de Baeza

Baeza4

DESDE MI VENTANA

Antonio Machado: Nuevas Canciones


IMÁGENES (foto jjferia):

Olivares de Cazorla, Úbeda y Baeza, catedral y antigua Universidad de Baeza

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Por un ventanal, entró la lechuza en la catedral (foto jjferia).

CLIV APUNTES

I

Desde mi ventana,
!campo de Baeza,
a la luna clara!

¡Montes de Cazorla,
Aznaitín y Mágina!
¡De luna y de piedra
también los cachorros
de Sierra Morena!

II

Sobre el olivar,
se vio la lechuza
volar y volar.

Campo, campo, campo.
Entre los olivos,
los cortijos blancos.

Y la encina negra,
a medio camino
de Úbeda a Baeza.

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Antigua Universidad, luego instituto donde dio clases Antonio Machado (foto jjferia).

III

Por un ventanal,
entró la lechuza
en la catedral.

San Cristobalón
la quiso espantar,
al ver que bebía
del velón de aceite
de Santa María.

La Virgen habló:
Déjala que beba,
San Cristobalón.

IV

Sobre el olivar,
se vio la lechuza
volar y volar.

A Santa María
un ramito verde
volando traía.

¡Campo de Baeza,
soñaré contigo
cuando no te vea!

Antonio Machado (1875-1939):  Nuevas Canciones

Escuchar aquí
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Baeza3
Desde mi ventana, !campo de Baeza, a la luna clara! (foto jjferia)

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