Castillo del Cid

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EL CID EN CASTEJÓN

Anónimo: Cantar del Mío Cid


IMÁGENES: Jadraque y el castillo del Cid (foto jjferia)

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Plaza e iglesia parroquial de Jadraque (foto jjferia).

Expulsados de Castilla por su rey Alfonso VI, al noveno día del destierro el Cid cruza la frontera entre el reino cristiano y la taifa de Toledo, viajando de noche para no ser descubierto por las tropas musulmanas. Tras evitar la fortaleza de Atienza, los desterrados, necesitados de víveres, toman una población fortificada, identificada como Castejón de Henares o quizá Jadraque. Al mismo tiempo Álvar Fáñez, el lugarteniente del Cid, se lanza con doscientos caballeros a saquear el valle del Henares pasando por Hita y Guadalajara.

Situado en un alto cerro, el castillo de Jadraque, conocido como el castillo del Cid, se alza imponente sobre el valle que abre el curso medio del río Henares. Algunos estudiosos opinan que Jadraque es el Castejón citado en el Cantar, lugar elegido por el Cid para comenzar sus incursiones militares en territorio de la taifa toledana.

El Cid planea el asalto durante toda la noche: Él se queda emboscado esperando el momento oportuno para caer sobre Castejón mientras los de Minaya se adentran sigilosamente por el valle del Henares abajo. En los versos siguientes (456-492 del Cantar del Mío Cid) se narra el asalto y ocupación de la fortaleza para ponderar a continuación el exorbitante botín capturado a los moros tanto en Castejón (supuestamente el actual Jadraque) como en las correrías por el valle del Henares.

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Castillo del Cid en Jadraque junto al río Henares (foto jjferia).

Ya crieban los albores   e vinié la mañana,
ixié el sol,   ¡Dios, qué fermoso apuntava!
En Castejón todos se levantavan,
abren las puertas,   de fuera salto davan,
por ver sus lavores   e todas sus heredanças.
Todos son exidos,   las puertas abiertas han dexadas.
Con pocas de gentes   que en Castejón fincaron;
las yentes de fuera   todas son deramadas.
El Campeador   salio de la çelada,
en derredor corrié   a Castejón sin falla.
Moros e moras   avienlos de ganançia,
e essos gañados   quantos en derredor andan.
Mio Çid don Rodrigo   a la puerta adeliñava;
los que la tienen   quando vidieron la rebata,
Ovieron miedo   e fo desenparada.
Mio Çid Ruy Díaz   por las puertas entraua,
en mano trae    desnuda el espada,
quinze moros matava   de los que alcançava.
Gañó a Castejón   e el oro  y ela plata.
Sos cavalleros   legan con la ganançia,
déxanla a mio Çid,   todo esto non preçia′ nada.

Afeuos los dozientos e tres en el algara,
e sin dubda corren,  toda la tierra preavan;
fasta Alcalá   legó la seña de Minaya,
e de si arriba   tórnanse con la ganançia,
Fenares arriba   e por Guadalfajara.
Tanto traen   las grandes ganançias
muchos gañados,   de oueias e de vacas
e de ropas   e de otras riquizas largas.
Derecha viene   la seña de Minaya;
non osa ninguno   dar salto a la çaga.
Con aqueste aver   tornan se essa conpaña;
fellos en Castejónn   o el Campeador estava.
El castiello dexó en so poder,   el Canpeador cavalga.
Saliólos reçebir   con esta su mesnada,
los braços abiertos   reçibe a Minaya;
«¿Venides, Albarfáñez,   una fardida lança?
Do yo vos enbiás’   bien abría tal esperança.
Esso con esto sea ajuntado   e de toda la ganançia
Dovos la quinta,   si la quisiéredes, Minaya.»

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Castillo del Cid sobre el cerro que se levante junto al río Henares (foto jjferia).

VERSIÓN LIBRE ACTUALIZADA (jjferia):

Ya rompe el alba, viene la mañana y sale el sol. ¡Oh Dios, que bello amanecer! En Castejón se levantan todos, abren las puertas y marchan a trabajar a sus haciendas. Han salido confiados dejando las puertas franqueadas; algunos se ha quedado en Castejón pero la mayoría se dispersa por los campos. El Campeador sale entonces de la emboscada y se lanza sobre Castejón mientras los moros y las moras con sus cuantiosos ganados se afanan por el contorno. Don Rodrigo se dirige hacia las murallas, los guardianes abandonan sus puestos y salen despavoridos ante la proximidad de los atacantes. El Cid se adentra por las puertas y blandiendo la espada da muerte a quince moros que encuentra al paso. Así se apodera de Castejón con todas sus riquezas. Mientras tanto los doscientos tres de la algarada van saqueando la zona en sus correrías. Hasta Alcalá llega el estandarte de Minaya y desde allí regresa con el cuantioso botín remontando el Henares desde Guadalajara. Traen grandes ganancias, nutridos rebaños de ovejas y vacas, ajuares y otras muchas cosas. Altiva regresa la enseña de Minaya sin que nadie se atreva a darle alcance. Ya llegan hasta Castejón donde espera el Campeador con el castillo en su poder. Con su mesnada sale al encuentro de Minaya con los brazos abiertos: «Bienvenido seáis, mi valiente Albarfáñez, nuestra empresa ha resultado todo un éxito. Juntemos lo conseguido entrambos y aceptad cuanto queráis». (Minaya renuncia a su parte correspondiente).

Anónimo (1207): Cantar del Mío Cid

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Castillo del Cid y vista parcial de Jadraque (foto jjferia).

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Castillo de Jadraque

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De Medina a Molina

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DE MEDINACELI A MOLINA DE ARAGÓN

Anónimo: El Cantar del Mío Cid


IMÁGENES (foto jjferia):

Arco romano, puerta árabe, plaza mayor, calle típica y colegiata de Medinaceli; Puente, murallas y castillo de Molina de Aragón

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CANTAR DEL MÍO CID

CANTAR SEGUNDO: BODAS DE LAS HIJAS DEL CID

El Cid se dirige a Valencia, en poder de los moros, y logra conquistar la ciudad. Envía a su amigo y mano derecha Álvar Fáñez a la corte de Castilla con nuevos regalos para el rey, pidiéndole que se le permita reunirse con su familia en Valencia. El rey accede a esta petición, e incluso le perdona y levanta el castigo que pesaba sobre el Campeador y sus hombres. La fortuna del Cid hace que los infantes de Carrión pidan en matrimonio a doña Elvira y doña Sol. El rey pide al Campeador que acceda al matrimonio y él lo hace aunque no confía en ellos. Las bodas se celebran solemnemente. Los versos siguientes narran el tránsito de doña Jimena, la mujer del Cid, de sus hijas y de la comitiva desde el monasterio de San Pedro de Cardeña hasta Valencia a su paso por las ciudades de Medinaceli (Medina) y Molina de Aragón (Molina).

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Arco romano de Medinaceli (foto jjferia).

Minaya parte de Cardeña con Jimena (1448-1472)

Hyas espiden   e pienssan de cavalgar
el portero con ellos   que los ha de aguardar;
por la tierra del rey   mucho conducho les dan.
De San Pero fasta Medina   en çinco dias van;
felos en Medina   las dueñas e Albar Fañez.
Direvos de los cavalleros   que levaron el menssaje:
al ora que lo sopo   mio Çid el de Bivar
plogol de coraçon   e tornos a alegrar,
de la su boca   conpeço de fablar:
«¡Qui buen mandadero enbia   tal deve sperar!
Tu, Muño Gustioz   e Pero Vermuez delant
e Martin Antolinez   un burgales leal,
el obispo don Jeronimo   coronado de prestar,
cavalguedes con çiento   guisados pora huebos de lidiar;
por Santa Maria [Albarracín]  vos vayades passar,
vayades a Molina   que yaze mas adelant,
tienela Avengalvon   mio amigo es de paz,
con otros çiento cavalleros   bien vos conssigra;
hid pora Medina   quanto lo pudieredes far;
mi mugier e mis fijas   con Minaya Albar Ffañez
asi commo a mi dixieron   hi los podredes fallar,
con grand ondra   aduzid melas delant.
E yo fincare en Valençia   que mucho costadom ha,
gran locura serie   si la desenparas;
yo ffincare en Valençia   ca la tengo por heredad.»

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Puerta árabe o de la Villa de Medinaceli (foto jjferia).

Pedro Bermúdez parte de Valencia para recibir a Jimena (1473-1490)

Esto era dicho,   pienssan de cavalgar
e quanto que pueden   non fincan de andar.
Troçieron a Santa Maria  [Albarracín] e vinieron albergar a Fron[chales],
y el otro dia vinieron   a Molina posar.
El moro Avengalvon   quando sopo el menssaje
saliolos reçebir   con grant gozo que faze:
«¿Venides, los vassallos   de mio amigo natural?
¡A mi non me pesa   sabet, mucho me plaze!»
Fablo Muño Gustioz,   non spero a nadi:
«Mio Çid vos saludava   e mandolo recabdar
con çiento cavalleros   que privadol acorrades.
Su mugier e sus fijas   en Medina estan;
que vayades por ellas,   adugades gelas aca
e ffata en Valençia   dellas non vos partades.»
Dixo Avengalvon:   «¡Fer lo he de veluntad!»
Essa noch   conducho les dio grand;
a la mañana   pienssan de cavalgar;
çientol pidieron   mas el con dozientos va.

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Puente románico sobre el río Gallo en Molina de Aragón (foto jjferia).

En Molina se le une Abengalbón (1491-1505)

Passan las montañas   que son fieras e grandes,
passaron Mata de Toranz   de tal guisa que ningun miedo non han,
por el val de Arbux[uel]o   pienssan a deprunar.
Y en Medina   todo el recabdo esta:
envio dos cavalleros Minaya Albar Fañez   que sopiessen la verdad,
esto non detard[an]   ca de coraçon lo han
el uno finco con ellos   y el otro torno a Albar Fañez:
«Virtos del Campeador   a nos vienen buscar
Afevos aqui Pero Vermuez e Muño Gustioz   que vos quieren sin hart,
e Martin Antolinez   el burgales natural
y el obispo don Jeronimo   cor[o]nado leal
y el alcayaz Avengalvon   con sus fuerças que trahe
por sabor de mio Çid   de grand ondral dar
todos vienen en uno,   agora legaran.»
Essora dixo Minaya:   «¡Vay[a]mos cavalgar!»

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Plaza Mayor de medinaceli (foto jjferia)

Encuentran a Minaya en Medinaceli (1506-1526)

Esso ffue a priessa fecho   que nos quieren detardar;
bien salieron den çiento   que non pareçen mal,
en buenos cavallos   a petrales e a cascaveles
e a cuberturas de çendales   y escudos a los cuellos
y en las manos lanças   que pendones traen,
que sopie(n)ssen los otros   de que seso era Albar Fañez
o cuemo saliera de Castiella   Albar Fañez con estas dueñas que trahe.
Los que ivan mesurando   e legando delant
luego toman armas   e tomanse a deportar;
por çerca de Salon   tan grandes gozos van.
Don legan los otros   a Minaya Albar Fañez se van homilar.
Quando lego Avengalvon   dont a ojo [lo] ha
sonrrisando se de la boca   hivalo abraçar,
en el ombro lo saluda   ca tal es su husaje:
«¡Tan buen dia con vusco   Minaya Albar Fañez!
Traedes estas dueñas   por o valdremos mas,
mugier del Çid lidiador   e ssus ffijas naturales;
ondrar vos hemos todos   ca tal es la su auze,
mager que mal le queramos   non gelo podremos f[a]r,
en paz o en gerra   de lo nuestro abra;
muchol tengo por torpe   qui non conosçe la verdad.»

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Calle típica de Medinaceli (foto jjferia)

Los viajeros descansan en Medinaceli (1527-1539)

Sonrrisos de la boca   Minaya Albar Fañez:
«¡Hy[a] Avengalvon   amigol sodes sin falla!
Si Dios me legare al Çid   e lo vea con el alma
desto que avedes fecho   vos non perderedes nada.
Vayamos posar   ca la çena es adobada.»
Dixo Avengalvon:   «Plazme desta presentaja
antes deste te[r]çer dia   vos la dare doblada.»
Entraron en Medina,   sirvialos Minaya;
todos fueron alegres   del çervicio que tomar[a]n.
El portero del rey   quitar lo mandava;
ondrado es mio Çid   en Valençia do estava
de tan grand conducho   commo en Medinal sacar[a]n;
el rey lo pago todo   e quito se va Minaya.

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Castillo y recinto amurallado. de Molina de Aragón (foto jjferia)

Parten de Medinaceli a Molina (1540-1554)

Passada es la noche,   venida es la mañana,
oida es la missa   e luego cavalgavan;
salieron de Medina   e Salon passavan,
Arbuxuelo arriba   privado aguijavan
el campo de Torançio   luegol atravessavan,
vinieron a Molina   la que Avengalvon mandava.
El obispo don Jheronimo   -buen christiano sin falla-
las noches e los dias   las dueñas aguarda[va]
e buen cavallo en diestro   que va ante sus armas
entre el e Albar Fañez   hivan a una compaña.
Entrados son a Molina,   buena e rica casa
el moro Avengalvon   bien los sirvie sin falla,
de quanto que quisieron   non ovieron falla
aun las ferraduras   quitar gelas mandava;
a Minaya e a las dueñas   ¡Dios, commo las ondrava!

Anónimo (siglo XII): Cantar del mío Cid

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Medina/Molina


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Almorox y Escalona

Escalona2

LAZARILLO Y EL CIEGO EN ALMOROX Y ESCALONA

Anónimo: La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades


IMÁGENES: Vista general de Almorox, castillo de Escalona y plaza del Infante don Juan Manuel (foto jjferia)

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CUENTA LÁZARO SU VIDA Y CÚYO HIJO FUE

(Lazarillo a su paso por Almorox y Escalona, fragmentos)

Acaeció que, llegando a un lugar que llaman Almorox al tiempo que cogían las uvas, un vendimiador le dio un racimo de ellas en limosna. Y como suelen ir los cestos maltratados, y también porque la uva en aquel tiempo está muy madura, desgranábasele el racimo en la mano. Para echarlo en el fardel, tornábase mosto, y lo que a él se llegaba. Acordó de hacer un banquete, así por no poder llevarlo, como por contentarme, que aquel día me había dado muchos rodillazos y golpes. Sentámonos en un valladar y dijo:

—Agora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos este racimo de uvas y que hayas de él tanta parte como yo. Partillo hemos de esta manera: tú picarás una vez y yo otra, con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva. Yo haré lo mismo hasta que lo acabemos, y de esta suerte no habrá engaño.

Almorox1
Vista general de Almorox desde la carretera de Avila a Toledo.

Hecho así el concierto, comenzamos; mas luego al segundo lance, el traidor mudó propósito, y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debería hacer lo mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él, mas aún pasaba adelante: dos a dos y tres a tres y como podía las comía. Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano, y, meneando la cabeza, dijo:

—Lázaro, engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas tres a tres.

—No comí –dije yo–; mas ¿por qué sospecháis eso?

Respondió el sagacísimo ciego:

—¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas.

A lo cual yo no respondí. Yendo que íbamos así por debajo de unos soportales, en Escalona adonde a la sazón estábamos, en casa de un zapatero había muchas sogas y otras cosas que de esparto se hacen, y parte de ellas dieron a mi amo en la cabeza. El cual, alzando la mano, tocó en ellas, y viendo lo que era díjome:

—Anda presto, muchacho; salgamos de entre tan mal manjar, que ahoga sin comerlo.

[…]

Escalona2
Fachada porticada del antiguo Ayuntamiento de Escalona (hoy Biblioteca) en la plaza del Infante Don Juan Manuel

Estábamos en Escalona, villa del duque de ella, en un mesón, y diome un pedazo de longaniza que le asase. Ya que la longaniza había pringado y comídose las pringadas, sacó un maravedí de la bolsa y mandó que fuese por él de vino a la taberna. Púsome el demonio el aparejo delante los ojos, el cual, como suelen decir, hace al ladrón, y fue que había cabe el fuego un nabo pequeño, larguillo y ruinoso, y tal que, por no ser para la olla, debió ser echado allí. Y como al presente nadie estuviese, sino él y yo solos, como me vi con apetito goloso, habiéndoseme puesto dentro el sabroso olor de la longaniza, del cual solamente sabía que había de gozar, no mirando qué me podría suceder, pospuesto todo el temor por cumplir con el deseo, en tanto que el ciego sacaba de la bolsa el dinero, saqué la longaniza y muy presto metí el sobredicho nabo en el asador, el cual, mi amo, dándome el dinero para el vino, tomó y comenzó a dar vueltas al fuego, queriendo asar al que, de ser cocido, por sus deméritos había escapado. Yo fui por el vino, con el cual no tardé en despachar la longaniza y, cuando vine, hallé al pecador del ciego que tenía entre dos rebanadas apretado el nabo, al cual aún no había conocido por no haberlo tentado con la mano. Como tomase las rebanadas y mordiese en ellas pensando también llevar parte de la longaniza, hallóse en frío con el frío nabo. Alteróse y dijo:

—¿Qué es esto, Lazarillo?

—¡Lacerado de mí! –dije yo–. ¿Si queréis a mí echar algo? ¿Yo no vengo de traer el vino? Alguno estaba ahí y por burlar haría esto.

—No, no –dijo él–, que yo no he dejado el asador de la mano; no es posible.

Yo torné a jurar y perjurar que estaba libre de aquel trueco y cambio; mas poco me aprovechó, pues a las astucias del maldito ciego nada se le escondía. Levantóse y asióme por la cabeza y llegóse a olerme. Y como debió sentir el huelgo, a uso de buen podenco, por mejor satisfacerse de la verdad, y con la gran agonía que llevaba, asiéndome con las manos, abríame la boca más de su derecho y desatentadamente metía la nariz. La cual él tenía luenga y afilada, y a aquella sazón, con el enojo, se había aumentado un palmo; con el pico de la cual me llegó a la golilla.

Y con esto, y con el gran miedo que tenía, y con la brevedad del tiempo, la negra longaniza aún no había hecho asiento en el estómago; y lo más principal: con el destiento de la cumplidísima nariz, medio cuasi ahogándome, todas estas cosas se juntaron y fueron causa que el hecho y golosina se manifestase y lo suyo fuese vuelto a su dueño. De manera que, antes que el mal ciego sacase de mi boca su trompa, tal alteración sintió mi estómago, que le dio con el hurto en ella, de suerte que su nariz y la negra mal mascada longaniza a un tiempo salieron de mi boca.

¡Oh gran Dios, quién estuviera aquella hora sepultado, que muerto ya lo estaba! Fue tal el coraje del perverso ciego, que, si al ruido no acudieran, pienso no me dejara con la vida. Sacáronme de entre sus manos, dejándoselas llenas de aquellos pocos cabellos que tenía, arañada la cara y rascuñado el pescuezo y la garganta. Y esto bien lo merecía, pues por su maldad me venían tantas persecuciones.

[…]

Escalona1
Castillo de Escalona con los restos de sus murallas en un promontorio escarpado sobre el río Alberche

Visto esto y las malas burlas que el ciego burlaba de mí, determiné de todo en todo dejalle, y, como lo traía pensado y lo tenía en voluntad, con este postrer juego que me hizo afirmélo más. Y fue así que luego otro día salimos por la villa a pedir limosna, y había llovido mucho la noche antes; y porque el día también llovía, y andaba rezando debajo de unos portales que en aquel pueblo había, donde no nos mojamos, mas como la noche se venía y el llover no cesaba, díjome el ciego:

—Lázaro, esta agua es muy porfiada, y cuanto la noche más cierra, más recia. Acojámonos a la posada con tiempo.

Para ir allá habíamos de pasar un arroyo, que con la mucha agua iba grande. Yo le dije:

—Tío, el arroyo va muy ancho; mas si queréis, yo veo por donde travesemos más aína sin mojarnos, porque se estrecha allí mucho y, saltando, pasaremos a pie enjuto.

Parecióle buen consejo y dijo:

—Discreto eres, por esto te quiero bien; llévame a ese lugar donde el arroyo se ensangosta, que agora es invierno y sabe mal el agua, y más llevar los pies mojados.

Yo que vi el aparejo a mi deseo, saquéle de bajo de los portales y llevélo derecho de un pilar o poste de piedra que en la plaza estaba, sobre el cual y sobre otros cargaban saledizos de aquellas casas, y dígole:

—Tío, éste es el paso más angosto que en el arroyo hay.

Como llovía recio y el triste se mojaba, y con la priesa que llevábamos de salir del agua, que encima de nos caía, y, lo más principal, porque Dios le cegó aquella hora el entendimiento (fue por darme de él venganza), creyóse de mí, y dijo:

—Ponme bien derecho y salta tú el arroyo.

Yo le puse bien derecho enfrente del pilar, y doy un salto y póngome detrás del poste, como quien espera tope de toro, y díjele:

—¡Sus, saltad todo lo que podáis, porque deis de este cabo del agua!

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—¡Sus, saltad todo lo que podáis, porque deis de este cabo del agua!

Aun apenas lo había acabado de decir, cuando se abalanza el pobre ciego como cabrón y de toda su fuerza arremete, tomando un paso atrás de la corrida para hacer mayor salto, y da con la cabeza en el poste, que sonó tan recio como si diera con una gran calabaza, y cayó luego para atrás medio muerto y hendida la cabeza.

—¿Cómo, y olisteis la longaniza y no el poste? ¡Oled! ¡Oled! –le dije yo.

Y dejéle en poder de mucha gente que lo había ido a socorrer, y tomo la puerta de la villa en los pies de un trote, y, antes de que la noche viniese, di conmigo en Torrijos. No supe más lo que Dios de él hizo ni curé de saberlo.

Anónimo: La vida del Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades

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Lazarillo 1

Tras los pasos del Lazarillo

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Postigo de la traición

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  • TEXTOS: Romance de la muerte del rey Sancho a manos de Vellido Dolfos (Anónimo).
  • IMÁGENES: Panorámica de Zamora, puente de piedra sobre el Duero, murallas y puerta o postigo de la traición (foto jjferia).

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Puerta o Postigo de la traición (foto jjferia)

ROMANCE QUINCE

Del caballero leal zamorano y de Vellido Dolfos, que se salió de Zamora para con falsedad hacerse vasallo del rey don Sancho. (Romances del Cid; recopilados por Ramón Menéndez Pidal en «Flor nueva de romances viejos»).

Sobre el muro de Zamora;
vide un caballero erguido;
al real de los castellanos
da con grande grito:
—¡Guarte, guarte, rey don Sancho,
no digas que no te aviso,
que del cerco de Zamora
un traidor había salido;
Vellido Dolfos se llama,
hijo de Dolfos Vellido,
si gran traidor fue su padre,
mayor traidor es el hijo;
cuatro traiciones ha hecho,
y con ésta serán cinco!
Si te engaña, rey don Sancho,
no digas que no te aviso.
Gritos dan en el real:
A don Sancho han mal herido!
¡Muerto le ha Vellido Dolfos;
gran traición ha cometido!
Desque le tuviera muerto,
metióse por un postigo,
por las calle de Zamora
va dando voces y gritos:
—¡Tiempo era, doña Urraca,
de cumplir lo prometido!

Anónimo

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Murallas y torre de la Catedral de Zamora (foto jjferia)

Las murallas de Zamora, ciudad sitiada por Sancho II para arrebatarla a su hermana Urraca, fue el escenario de la muerte alevosa del rey castellano, primer señor del Cid, a manos del falso desertor de la ciudad, el noble leonés Vellido Dolfos, que fingió acogerse a la protección de Sancho hasta ganarse su confianza. Así narra la «Primera Crónica General» de Alfonso X el Sabio la famosa traición (considerada desde el lado castellano), que sería tan popularizada por los cantares del gesta y el romancero:

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Puente de piedra sobre el río Duero en Zamora (foto jjferia)

De como Vellid Adolffo mató al rey don Sancho en el cerco de Zamora.- Vellid Adolffo con sabor de complir la traycion que tenie raygada en el coraçon aparto al Rey don Sancho et dixol: «Sennor, si lo tenedes por bien caualguemos amos solos, et uayamos andar a derredor de Çamora et ueredes uuestras cauas que mandastes fazer. Et yo mostraruo e el postigo que los çambranos llaman dArena por o entraremos la villa, ca nunqua aquel postigo se cierra. Et desque annochesciere darmedes c(ient) caualleros fijos dalgo que uayan comigo. Et armarnos emos, et yremos de pie; et como los çambranos estan flacos de fambre et de lazeria dexarse nos an uencer, et nos abriremos la puerta et entraremos et tenerla emos abierta fasta que entren todos los de la hueste, et assi ganaredes la villa». El Rey crouogelo et dixol que lo dizie muy bien. Et caualgaron amos; et andando a derredor de la villa allongados de la hueste catando el rey como la podrie mas ayna prender et ueyendo sus cauas; mostrol aquel traydor aquel postigo quel dixiera poro entrarien la villa. Et pues que la villa ouieron andada toda a derredor; ouo el rey sabor de descender en la ribera de Duero a andar por y assolazandosse. Et traye en la mano un venablo pequenno dorado como lo auien estonces por costumbre los reys, et diol a Vellid Adolfo que gele touiesse, et el rey apartosse a fazer aquello que la natura pide et que ell omne non lo puede escusar. Et Vellid Adolffo allegosse alla con el, et quandol uio estar daquella guisa; lançol aquel venablo et diol por las espaldaset saliol a la otra parte por los pechos. Et pues quel ouo ferido daquella guisa; boluio la rienda al cauallo, et fuesse quanto mas pudo pora aquel postigo que el mostrara al rey pora furtar la villa.

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Río Duero y Catedral de la ciudad de Zamora (foto jjferia)

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Castillo de Monleón

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  • TEXTO: Los mozos de Monleón (Romance anónimo).
  • IMÁGENES: Puerta de la Villa, verraco. ejidos, muralla, castillo y vista parcial de Monleón (foto jjferia).

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LOS MOZOS DE MONLEÓN
Ledesma, cancionero salmantino.

Los mozos de Monleón
se fueron a arar temprano,
para ir a la corrida,
y remudar con despacio.
Al hijo de la viuda,
el remudo no le han dado.
Al toro tengo de ir,
aunque lo busque prestado.

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Ejidos de Monleón (foto jjferia).

Permita Dios, si lo encuentras,
que te traigan en un carro,
las albarcas y el sombrero
de los siniestros colgando.
Se cogen los garrochones,
marchan las navas abajo,
preguntando por el toro,
y el toro ya está encerrado.
En el medio del camino,
al vaquero preguntaron,
¿Qué tiempo tiene el toro?
El toro tiene ocho años.
Muchachos, no entréis a él;
mirar que el toro es muy malo,
que la leche que mamó
se la di yo por mi mano.

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Verraco vetón en la entrada de Monleón (foto jjferia).

Se presentan en la plaza
cuatro mozos muy gallardos;
Manuel Sánchez llamó al toro;
nunca le hubiera llamado,
por el pico de una albarca
toda la plaza arrastrado;
cuando el toro lo dejó,
ya lo ha dejado muy malo.
Compañeros, yo me muero;
amigos, yo estoy muy malo;
tres pañuelos tengo dentro,
y éste que meto son cuatro.
Que llamen al confesor.
para que vaya a auxiliarlo.

Monleón4
Vista parcial de Monleón (foto jjferia).

No se pudo confesar,
porque estaba ya expirando.
Al rico de Monleón
le piden los bueis y el carro,
pa llevar a Manuel Sánchez,
que el torito le ha matado.
A la puerta de la viuda
arrecularon el carro.
Aquí tenéis vuestro hijo
como lo habéis demandado.

Anónimo
Romance popular

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Rocafrida y Fontefrida

  • TEXTO: Romances de Rosaflorida y de Fontefrida (Anónimo).
  • IMÁGENES: Castillo de Rochafrida, fuente de Fontefrida y cueva de Montesinos (foto jjferia).

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ROMANCE DE ROSALORIDA

En Castilla está un castillo,
que se llama Rocafrida;
al castillo llaman Roca,
y a la fonte llaman Frida.
El pie tenía de oro
y almenas de plata fina;
entre almena y almena
está una piedra zafira;
tanto relumbra de noche
como el sol a mediodía.
Dentro estaba una doncella
que llaman Rosaflorida;
siete condes la demandan,
tres duques de Lombardía;
a todos les desdeñaba,
tanta es su lozanía.
Enamoróse de Montesinos
de oídas, que no de vista.
Una noche estando así,
gritos da Rosaflorida;
oyérala un camarero,
que en su cámara dormía.
-“¿Qu’es aquesto, mi señora?
– ¿Qu’es esto, Rosaflorida?
“O tenedes mal de amores,
o estáis loca sandía.”
-“Ni yo tengo mal de amores,
ni estoy loca sandía,
“mas llevásesme estas cartas
a Francia la bien guarnida;
“diéseslas a Montesinos,
la cosa que yo más quería;
“dile que me venga a ver
para la Pascua Florida;
“darle he siete castillos
los mejores que hay en Castilla;
“y si de mí más quisiere
yo mucho más le daría:
“darle he yo este mi cuerpo,
el más lindo que hay en Castilla,
“si no es el de mi hermana,
que de fuego sea ardida.”

Anónimo

ROMANCE DE FONTE FRIDA

Fonte-frida, Fonte-frida
Fonte-frida y con amor,
do todas las avecicas
van tomar consolación,
si no es la Tortolica,
que está viuda y con dolor.
Por ahí fuera a pasar
el traidor del Ruiseñor;
las palabras que le dice
llenas son de traición:
«Si tú quisieses, señora,
yo sería tu servidor.»
«Vete de ahí, enemigo,
malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde
ni en ramo que tenga flor,
que si el agua hallo clara
turbia la bebiera yo;
que no quiero haber marido
porque hijos no haya, no;
no quiero placer con ellos
ni menos consolación.
¡Déjame triste, enemigo,
malo, falso, mal traidor;
que no quiero ser tu amiga
ni casar contigo, no!»

Anónimo

Fontefrida
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Poema en audio: Romance de Rosaflorida por Ángel Baltanas

Fuente de Fontefrida al pie de las ruinas del castillo de Rochafrida oculta entre la vegetación.
Fuente de Fontefrida al pie de las ruinas del castillo de Rochafrida oculta entre la vegetación.

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Alora la bien cercada

Álora la bien cercada 1
  • TEXTOS: Álora, la bien cercada (Anónimo: Romance fronterizo).
  • IMÁGENES: Panorámica de Álora, río Guadalorce, castillo y calle típica (foto jjferia).

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La Hoya de Málaga: ALORA La carretera, cuplida esta misión informativa, desciende de nuevo a la vega y… ¡Álora!Esto no es un grito muslim de asombro, aunque bien pudiera serlo; pero es el nombre del guardián de Málaga y de la fortaleza que expugnó Fernando el Católico gracias a la artillería que la rubia Isabel -la mujer más progresiva de la Europa de su tiempo, incluyendo a las aristócratas tunantas de Toscana- había hecho traer de Flandes y de Italia. Álora es ahora una villa desparramada como una medusa de plata por las cañadas que parten de su castillo -hoy camposanto- y rodeada de unas tierras cereales esmaltadas de cuando en cuando por unas huertas como oasis. Fueron más ricas estas tierras. Pero vino de la América (tan escrupulosa en sus fronteras para una mosca o para un párpado enrojecido por el viento del mar, esa América que se le hacen los dedos huéspedes) un bichito con cizallas en las antenas y aniquiló  uno de los más azucarados tesoros del mundo: la uva de Málaga, la rica marbellí como la amatista o el pomo del topacio del Pero-Ximén (aquel alemán Peter Simon que trajo del Rhin unas cepas agrias, transformadas por el ángel de las viñas en la uva más dulce del mundo, igual que se transformó su nombre en el de Pedro Jiménez, pago ilustre de las colinas malagueñas). La filoxera abatió el ánimo de los malagueños más que todas las pestes, inundaciones, terremotos, talas e invasiones que ha padecido.Víctor de la Serna (1896-1958) : Nuevo viaje de España: La vía del calatraveño. La Marina de Andalucía.

Álora la bien cercada 2
Vista de Álora sobre tres cerros junto al río Guadalorce (foto jjferia)

ÁLORA*, LA BIEN CERCADA

Álora, la bien cercada,
tú que estás en par del río,
cercóte el Adelantado
una mañana en domingo,
de peones y hombres de armas
el campo bien guarnecido;
con la gran artillería
hecho te habían un portillo.

Viérades moros y moras
subir, huyendo, al castillo;
las moras llevan la ropa,
los moros harina y trigo,
y las moras de quince años
llevaban el oro fino,
y los moricos pequeños
llevan la pasa y el higo.
Por encima del adarve
su pendón llevan tendido.

Allá detrás de una almena
quedado se había un morico
con una ballesta armada,
y en ella puesto un cuadrillo.
En altas voces diciendo,
que del real le han oído:
–¡Tregua, tregua, adelantado,
por tuyo se da el castillo!
Alza la visera arriba,
por ver el que tal le dijo;
asestárale en la frente,
salido le ha al colodrillo.

Sacóle Pablo de rienda,
y de mano Jacobillo,
estos dos que había criado
en su casa desde chicos.
Lleváronle a los maestros
por ver si será guarido.
A las primeras palabras
el testamento les dijo.

Romance fronterizo (Anónimo)

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Álora la bien cercada 4
Torre del homenaje, muralla y arco de herradura que da acceso al patio de armas (foto jjferia).

* La localidad malagueña de Álora se encuentra coronando tres cerros situados en la margen derecha del río Guadalorce: Las tropas castellanas se estrellaron una y otra vez contra su inexpugnable fortaleza: “Álora la bien cercada, tú que estas en par del río…” Entre el caserío destaca la iglesia de la Encarnación y el castillo emplazado en el cerro de las Torres, escenario donde se sucedieron los hechos narrados en el romance: En uno de estos asedios se produjo la alevosa muerte del Adelantado don Diego de Ribera por un ballestero musulmán. El traidor atentado tiene éxito y los árabes, aprovechando la confusión, consiguen volver a sus posiciones y hacerse fuertes de nuevo en el castillo. El cerco de Álora fracasa de nuevo y la ciudad ya no será tomada hasta 1484 por los Reyes Católicos.

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El Cid en Burgos

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  • TEXTO: Destierro del Cid, Cantar primero, Tirada 4, versos 21-64 (Anónimo: Cantar del Mío Cid).
  • IMÁGENES: Estatua ecuestre del Cid en Burgos, Arco y catedral de Santa María (foto jjferia).

En Burgos; los burgaleses, apenados, les cierran sus puertas por por orden del Rey. Una niña de nueve años y recia voluntad se enfrenta con el humillado Cid a informarle del edicto de prohibición y expulsión del Rey y rogarle que no les hicieran daño. El Cid decide abandonar la ciudad, después de arrodillarse para rezar en la catedral de Santa María, y acampa en las afueras.

CANTAR DEL DESTIERRO (fragmento)

Conbidar le ien de grado,   mas ninguno no osava;
el rey don Alfonsso   tanto avié la grand saña.
Antes de la noche   en Burgos dél entró su carta,
con grand recabdo   e fuertemienrte sellada:
que a mio Çid Ruy Diaz,   que nadi nol’ diessen posada,
e aquel que gela diesse   sopiesse vera palabra
que perderie los averes   e mas los ojos de la cara,
Y aun demás   los cuerpos e las almas.
Grande duelo avien   las yentes cristianas;
ascóndense de mio Çid,   ca nol’ osan dezir nada.
El Campeador   adeliñó a su posada;
así como llegó a la puerta,   fallóla bien çerrada,
por miedo del rey Alfons,   que assí lo pararan:
que si non la quebrantas,   que no gela abriessen nada.
Los de mio Çid   a altas vozes llaman;
los de dentro   no les querien tornar palabra.
Aguijó mio Çid,   a la puerta se llegaua,
sacó el pie del estribera,   una feridal’ daba;
non se abre la puerta,   ca bien era çerrada.
Una niña de nuev años   a ojo se parava.
¡Ya Campeador,   en buen çinxiestes espada!
El rey lo ha vedado,   anoch d’el entró su carta,
con grant recabdo   e fuertemientre sellada.
Non vos osariemos   abrir nin coger por nada;
si non, perderiemos   los averes y las casas,
e aun demás   los ojos de las caras.
Çid, en el nuestro mal   vos non ganades nada,
mas el Criador vos vala   con todas sus vertudes santas.
Esto la niña dixo   e tornós’  pora su casa.
Ya lo vee el Çid   que del rey no avié graçia.
Partiós’ dela puerta,   por Burgos aguijaua,
llegó a Santa María,   luego descavalga,
fincó los inojos,   de coraçón rogava;
La oración fecha,   luego cavalgava.
salió por la puerta    e Arlançón passava.
Cabo Burgos essa villa   en la glera posava
fincava la tienda   e luego descavalgava.
Mio Çid Ruy Diaz,   el que en buena çinxo espada,
posó en la glera,   quando nol’ coge nadi en casa;
derredor d’el   una buena compaña.
Assí posó mio Çid   commo si fosse en montaña.
Vedada l’an compra   dentro en Burgos la casa
de todas cosas   quantas son de vianda;
nol osarién vender   al menos dinarada.

Anónimo:
Cantar del Mío Cid 

Cantar de Mío Cid
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San Pedro de Cardeña

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EL CID EN EL MONASTERIO DE CARDEÑA

Anónimo: “Cantar del Mío Cid”


Imagenes: Monasterio de San Pedro de Cardeña y panteón del Cid (foto jjferia)

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Panteón del Cid en donde estuvieron sepultados Don Rodrigo y Dª Jimena (foto jjferia).

CANTAR DEL MÍO CID
Destierro de Mío Cid

El Cid acusado por algunos envidiosos de haberse guardado parte de los tributos de los reyes moros de Andalucía, es desterrado por el rey Alfonso. El Cid parte de Vivar hacia Burgos, aquí nadie le da refugio ya que el rey Alfonso ha dicho que aquel que le de refugio perderá sus bienes, y además los ojos de la cara y aun el cuerpo y el alma; pero Martín Antolinez hospeda y abastece a sus seguidores. Sin recursos, el héroe urde una estratagema para conseguir oro y plata de los judíos Raquel y Vidas, a quienes deja en empeño dos arcas de arena. En el monasterio de San Pedro de Cardeña deja a Jimena su esposa y a su dos hijas. Los versos 232-267 del cantar narran la llegada al monasterio y la emotiva despedida del Campeador, antes de abandonar Castilla para dirigirse a tierra de moros:

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Estatua ecuestre del Cid Campeador a lomos de Babieca en la ciudad de Burgos (foto jjferia)

Tornavas Martin Antolinez a Burgos   e mio Çid aguijó
pora San Pero de Cardeña   quanto pudo a espolón,
con estos cavalleros   quel sirven a so sabor.
Apriessa cantan los gallos   e quieren quebrar albores
quando llegó a San Pero   el buen Campeador.
El abbat don Sancho,   christiano del Criador
rezava los matines   abuelta de los albores;
í estava doña Ximena   con çinco dueñas de pro,
rogando a San Pero   e al Criador:
«¡Tú que a todos guías   val a mio Çid el Campeador!»

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Monasterio de San Pedro de Cardeña donde, según el Cantar, dejó el Cid antes de salir para el destierro a su esposa y a sus hijas (foto jjferia).

Llamavan a la puerta, í sopieron el mandado;
!Dios, que alegre fue   el abbat don Sancho!
Con lumbres e con candelas   al corral dieron salto,
con tan grant gozo reçiben   al que en buen ora nasco:
«¡Gradésco lo a Dios, mio Çid!»   dixo el abbat don Sancho;
«Pues que aqui vos veo   prendet de mi ospedado.»
Dixo el Çid: «Graçias, don abbat,   e so vuestro pagado.
Yo adobaré conducho   pora mi e pora mis vassallos;
mas por que me vo de tierra   dovos çinquaenta marcos,
si yo algun dia visquier   servos han doblados.
Non quiero fazer en el monesterio   un dinero de daño;
evades aquí pora doña Ximena   dovos çien marcos;
a ella e a sus fijas e a sus dueñas   sirvádes las est año.
Dues fijas dexo niñas   e prendet las en los braços;
aquí vos las acomiendo a vos,   abbat don Sancho;
dellas e de mi mugier   fagades todo recabdo.
Si essa despenssa vos falleçiere   o vos menguare algo,
bien las abastad,   yo assi vos lo mando;
por un marco que despendades al monesterio daré yo quatro».
Otorgado gelo avie   el abbat de grado.
Afevos doña Ximena   con sus fijas do va llegando,
señas dueñas las traen   e adúzen las adelant.
Ant’el Campeador   doña Ximena fincó los inojos amos,
llorava de los ojos,   quisol besar las manos:
«¡Merçed, Campeador,   en ora buena fuestes nado!
Por malos mestureros   de tierra sodes echado.

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Claustro ed Monaterio de San Pedro de Cardeña(foto jjferia).

Entre tanto un centenar de caballeros se juntan en Burgos y llegan a Cardeña para acompañar Cid como vasallos, este dispone seguir su camino por la mañana. En la iglesia de San Pedro de Cardeña, doña Jimena tras la oración de los maitines ruega a Dios y a San Pedro que libre de todo mal a su marido. Tras la inevitable y apenada despedida, el Cid Campeador marcha al destierro:

El Çid a doña Ximena iva la abraçar (foto jjferia),

Tu eres rey de los reyes   e de tod el mundo padre,
a ti adoro e creo   de toda voluntad,
e ruego a San Peydro   que me ayude a rogar
por mio Çid el Campeador   que Dios le curie de mal,
¡quando oy nos partimos   en vida nos faz juntar!
e ruego a San Peydro   que me ayude a rogar
por mio Çid el Campeador   que Dios le curie de mal,
¡quando oy nos partimos   en vida nos faz juntar!»
La oraçion fecha,   la missa acabada la an,
salieron de la eglesia,   ya quieren cavalgar.
El Çid a doña Ximena   iva la abraçar,
doña Ximena al Çid   la manol va besar,
lorando de los oios   que non sabe que se far.
Y el a las niñas   torno las a catar:
«A Dios vos acomiendo, fijas,   e a la mugier e al Padre spirital;
agora nos partimos,   Dios sabe el ajuntar.»
Lorando de los ojos   que non viestes atal,
asis parten unos d’otros   commo la uña de la carne.
Mio Çid con los sos vassallos   pensso de cavalgar;
a todos esperando   la cabeça tornando va.

Anónimo: Cantar de Mío Cid

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Despedida del Cid de su familia en el Monasterio de San Pedro de Cardeña (foto jjferia)
Lorando de los ojos que non viestes atal (foto jjferia),

San Pedro de Cardeña


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San Esteban de Gormaz

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Las hijas del Cid en San Esteban de Gormaz

Anónimo: Cantar del Mío Cid


Imágenes: San Esteban de Gormaz, iglesia de San Miguel, pórtico del Rivero y castillo de Gormaz (foto jjferia)

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CANTAR DEL MÍO CID

    CANTAR TERCERO: LA AFRENTA DE CORPES (Fragmentos)

El rey de Marruecos ataca Valencia. Los hombres del Cid salen victoriosos, y el Cid gana otra espada, Tizona (o Tizón). Pero los Infantes de Carrión otra vez muestran su cobardía. Sintiéndose humillados, los infantes deciden vengarse. Piden permiso al Cid para llevar a sus mujeres a Carrión. El Cid se lo permite, pero también les pide que pasen por tierras de Molina de Aragón pertenecientes al rey Abengalbón para pedirle protección durante su viaje hasta Medinaceli. Los Infantes, codiciosos de la riqueza del moro, conspiran para matarlo. Afortunadamente se descubre su plan y Abengalbón los deja.

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La iglesia románica de San Miguel en las faldas de las ruinas del castillo (foto jjferia).
  • Los infantes entran en el reino de Castilla y acampan en el robledal de Corpes (2689-2699)

Ya movieron del Anssarera   los ifantes de Carrion;
acojen se a andar   de dia e de noch,
a ssiniestro dexan Ati[en]za   una peña muy fuert,
la sierra de Miedes   passaron la estoz,
por los Montes Claros   aguijan a espolon,
a ssiniestro dexan a Griza   que Alamos poblo
– alli son caños   do a Elpha ençerro –
a diestro dexan a Sant Estevan,   mas cae aluen;
entrados son los ifantes   al robredo de Corpes,
los montes son altos,   las ramas pujan con las nues,
e las bestias fieras   que andan aderredor.

[…]

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Vista parcial de la ciudad desde el cerro del castillo (foto jjferia).

Los infantes de Carrión duermen con sus esposas en el robledal de Corpes. A la mañana se quedan solos los infantes con sus mujeres y se preparan a maltratarlas. Ruegos inútiles de doña Sol y crueldad de los infantes. Éstos abandonan a sus mujeres y se alaban de su cobardía. Félix Muñoz sospecha de los infantes y vuelve atrás en busca de las hijas del Cid; las reanima y las lleva en su caballo a San Esteban de Gorma donde son cuidadas y atendidas por sus hospitalarios habitantes.

  • Las hijas del Cid son socorridas en San Esteban de Gormaz tras la afrenta de Corpes (2809-2823).

Todos tres señeros   por los robredos de Corpes
entre noch e dia   salieron de los montes;
a las aguas de Duero   ellos arribados son,
a la torre de don Urraca   elle las dexó.
sant Estevan   vino Félez Muñoz,
falló a Diego Téllez   el que de Álbar Fáñez fo;
quando él lo oyó   pesol’ de coraçón,
priso bestias   e vestidos de pro,
hiva reçebir   a don Elvira e a doña Sol;
en Sant Estevan   dentro las metió,
quanto él mejor puede   allí las ondró.
Los de Sant Estevan   siempre mesurados son;
quando sabién esto   pésoles de coraçón,
a llas fijas del Çid   danles enffurçión;
allí sovieron ellas   fata que sannas son.

[…]

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Galería porticada de la iglesia de Nª Sª del Rivero en el altozano (foto jjferia).

Entretanto llega al Cid la noticia del ultraje. El Campeador organiza una expedición con Minaya al frente con la orden de traer a sus hijas. Tras pernoctar en el castillo de Gormaz, Minaya llega a San Esteban de Gormaz a recoger a las dueñas. Aquí es recibido con sus gente y agasajado por los vecinos del pueblo. Al fín se encuentra con sus primas las hijas del Cid.

  • Minaya llega a San Esteban de Gormaz (2840-2857).

Non lo detardan   el mandado de su señor,
apriessa cavalgan,   andan los días e las noches;
vinieron Gormaz   un castiello tan fuort,
hi albergaron   por verdad una noch.
Sant Estevan   el mandado llegó
que vinié Minaya   por sus primas amas a dos.
Varones de Sant Estevan   a guisa de muy pros
reçiben a Minaya   e a todos sus varones,
presentan a Minaya   essa noch grant enffurçión;
non gelo quiso tomar,   mas mucho ge lo gradió:
«Graçias, varones de Sant Estevan,   que sodes coñosçedores,
por aquesta ondra que vos diestes   a esto que nos cuntió.
Mucho vos lo gradeçe   allá do está, Mio Çid el Campeador;
assí lo fago yo   que aquí estó.
¡Affe Dios de los çielos   que vos dé dent buen galardón!»
Todos ge lo gradeçen   e sos pagados son;
adeliñan a posar   pora folgar essa noch.

[…]

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San Esteban de Gormaz desde el puente sobre el río Duero dominada por las ruinas del castillo (foto jjferia).

Minaya y las hijas del Cid parten de San Esteban de Gormáz. En el retorno a Valencia vuelven a pasar por Gormaz (a diestro dexan Gormaz), Berlanga de Duero (posada presa han), Medinaceli (ivan albergar) y Molinade Aragón, donde son recibidos y agasajados por el moro Avengalvón. Y de aquí van derechos para Valencia.

  • Regreso a Valencia donde el Cid sale a recibir a su gente (2870-2884)

Otro dia mañana   pienssan de cavalgar;
los de Sant Estevan   escurriéndolos van
fata Rio d’Amor   dándoles solaz,
d’allent se espidieron d’ellos,   piénssanse de tornar,
e Minaya con las dueñas   iva cabadelant.
Troçieron Alcoçeva,   a diestro dexan Gormaz,
o dizen Bado de Rey,   alla ivan pasar,
a la casa de Berlanga   posada presa han.
Otro dia mañana   métense a andar,
a qual dizen Medina   ivan albergar,
e de Medina a Molina   en otro día van.
Al moro Avengalvón   de coraçón le plaz,
saliólos a rreçebir   de buena voluntad;
por amor de Mio Çid   rica cena les da.
Dent pora Valençia   adelinechos van.

[…]

egormaz5
El imponente castillo de Gormaz domina en la llanura soriana la cuenca alta del Duero (foto jjferia).

El Campeador sale a su encuentro y pide justicia al rey. El juicio culmina con el «riepto» o duelo en el que los representantes de la causa del Cid vencen a los infantes. Estos quedan deshonrados y se anulan sus bodas. El poema termina con el proyecto de casamiento entre las hijas del Cid y los infantes de Navarra y Aragón.

Anónimo: Cantar del Mío Cid (Cantar tercero: La afrenta de Corpes)

Ver texto modernizado
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Puerta con arco de herradura de la fortaleza califal de Gormaz (foto jjferia).

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Vivar del Cid

Iglesia de Vivar
  • TEXTO: Cantar del Mío Cid, versos 1-20 (Autor anónimo).
  • IMÁGENES: Iglesia de Vivar y monumento del Cid; castillo y catedral de Burgos (foto jjferia).

El manuscrito conservado se inicia cuando el Cid y sus hombres se disponen para salir apresuradamente de Castilla, pues se acerca el final del plazo impuesto por el rey Alfonso. Tras dejar el pueblo de Vivar, de donde era natural, dejando allí su casa abandonada, el Cid, acompañado de un pequeño grupo de fieles, se dirige a la vecina ciudad de Burgos. Los ciudadanos salen a las ventanas a verlo pasar, dando muestras de su dolor, pero su pena por el héroe no es capaz de hacerles contravenir la orden real que prohíbe hospedar y abastecer al desterrado.

DESTIERRO DEL CID (versos 1-20)

Mio Çid movió de Bivar   para Burgos adeliñado,
assí dexa sus palaçios   yermos e desheredados.

  • 1. Adiós del Cid a Vivar (aquí comienza el manuscrito de Per Abbat)

De los sos ojos tan   fuertemientre llorando,
tornava la cabeça   í estávalos catando.
Vio puertas abiertas   e uços sin cañados,
Alcándaras vazias   sin pielles e sin mantos
e sin falcones   e sin adtores mudados.
Sospiró mio Çid,   ca mucho avié grandes cuidados.
Fabló mio Çid   bien y tan mesurado:
¡Grado a tí, señor padre,   que estás en alto!
Esto me han buelto   mios enemigos malos.

  • 2. Agüeros en el camino de Burgos:

Allí piensan de aguijar,   allí sueltan las riendas.
A la exida de Bivar   oviéron la corneja diestra,
e entrando a Burgos   oviéronla siniestra.
Meçió mio Çid los hombros   y engrameó la tiesta:
¡Albriçia, Álbar Fáñez,   ca echados somos de tierra!
Mas a grand ondra   tornaremos a Castiella.

  • 3. El Cid entra en Burgos

Mio Çid Roy Diaz   por Burgos entróve,
En su conpaña,   sesaenta pendones;
exién lo veer   mugieres y varones,
burgeses y burgesas    por las finiestras sone,
Plorando de los ojos,   tanto avién el dolore.
De las sus bocas   todos dizían una razóne:
¡Dios qué buen vasallo,   si oviesse buen Señore!

Autor anónimo
Cantar del Mío Cid

El destierro del Cid
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Monumento al Cid en Vivar

Versión modernizada por Pedro Salinas:

El Cid sale de Vivar, a Burgos va encaminado,

allí deja sus palacios yermos y desheredados.

Los ojos de Mío Cid mucho llanto van llorando;

hacia atrás vuelve la vista y se quedaba mirándolos.

Vio como estaban las puertas abiertas y sin candados,

vacías quedan las perchas ni con pieles ni con mantos,

sin halcones de cazar y sin azores mudados.

Y habló, como siempre habla, tan justo tan mesurado:

“¡Bendito seas, Dios mío, Padre que estás en lo alto!

Contra mí tramaron esto mis enemigos malvados”.

Ya aguijan a los caballos, ya les soltaron las riendas.

Cuando salen de Vivar ven la corneja a la diestra,

pero al ir a entrar en Burgos la llevaban a su izquierda.

Movió Mío Cid los hombros y sacudió la cabeza:

“¡Ánimo, Állvar Fáñez, ánimo, de nuestra tierra nos echan,

pero cargados de honra hemos de volver a ella! “

Ya por la ciudad de Burgos el Cid Ruy Díaz entró.

Sesenta pendones lleva detrás el Campeador.

Todos salían a verle, niño, mujer y varón,

a las ventanas de Burgos mucha gente se asomó.

¡Cuántos ojos que lloraban de grande que era el dolor!

Y de los labios de todos sale la misma razón:

“¡Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor!”

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Santa Gadea de Burgos

Santa Gadea 3
  • TEXTO: La Jura de Santa Gadea (Romance anónimo, recogido por Ramón Menéndez Pidal).
  • IMÁGENES: Iglesia burgalesa de Santa Águeda (Gadea) y estatua del Cid (foto jjferia).

LA JURA DE SANTA GADEA

En Santa Gadea de Burgos
do juran los hijosdalgo,
allí toma juramento
el Cid al rey castellano,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo.
Las juras eran tan recias
que al buen rey ponen espanto.

—Villanos te maten, rey,
villanos, que no hidalgos;
abarcas traigan calzadas,
que no zapatos con lazo;
traigan capas aguaderas,
no capuces ni tabardos;
con camisones de estopa,
no de holanda ni labrados;
cabalguen en sendas burras,
que no en mulas ni en caballos,
las riendas traigan de cuerda,
no de cueros fogueados;
mátente por las aradas,
no en camino ni en poblado;
con cuchillos cachicuernos,
no con puñales dorados;
sáquente el corazón vivo,
por el derecho costado,
si no dices la verdad
de lo que te es preguntado:
si tú fuiste o consentiste
en la muerte de tu hermano.

Las juras eran tan fuertes
que el rey no las ha otorgado.
Allí habló un caballero
de los suyos más privado:
—Haced la jura, buen rey,
no tengáis de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor,
ni Papa descomulgado.
Jura entonces el buen rey
que en tal nunca se ha hallado.
Después habla contra el Cid
malamente y enojado:
—Mucho me aprietas, Rodrigo,
Cid, muy mal me has conjurado,
mas si hoy me tomas la jura,
después besarás mi mano.
—Aqueso será, buen rey,
como fuer galardonado,
porque allá en cualquier tierra
dan sueldo a los hijosdalgo.
—¡Vete de mis tierras, Cid,
mal caballero probado,
y no me entres más en ellas,
desde este día en un año!
—Que me place —dijo el Cid—.
que me place de buen grado,
por ser la primera cosa
que mandas en tu reinado.
Tú me destierras por uno
yo me destierro por cuatro.

Ya se partía el buen Cid
sin al rey besar la mano;
ya se parte de sus tierras,
de Vivar y sus palacios:
las puertas deja cerradas,
los alamudes echados,
las cadenas deja llenas
de podencos y de galgos;
sólo lleva sus halcones,
los pollos y los mudados.
Con el iban los trescientos
caballeros hijosdalgo;
los unos iban a mula
y los otros a caballo;
todos llevan lanza en puño,
con el hierro acicalado,
y llevan sendas adargas
con borlas de colorado.
Por una ribera arriba
al Cid van acompañando;
acompañándolo iban
mientras él iba cazando.

Anónimo

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Serrana de la Vera

Serrana 1

LA SERRANA DE LA VERA

Anónimo: Romance popular


Foto jjferia: Monumento a la Serrana en el Mirador del mismo nombre en Garganta la Olla

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LA SERRANA DE LA VERA

En Garganta de la Olla,
siete leguas de Plasencia,
habitaba una serrana
alta, rubia y sandunguera.
Con vara y media de pecho,
cuarta y media de muñeca,
con una trenza en el pelo
que a los zancajos le llega.
A uso de cazadora,
gasta falda a media pierna,
en la cintura correa
y en el hombro, la ballesta.
Cuando tiene gana de agua,
se baja pa la ribera,
cuando tiene gana de hombre
se sube a las altas peñas.
Pasa uno, pasan dos:
No ha pasado el que ella quiera.
Ha pasado un serranillo,
con una carga de leña,
y le agarró de la mano
para llevarle a su cueva.
No le lleva por caminos,
ni tampoco por veredas,
le lleva por altos montes
por donde nadie le vea.
Ya llegaron a la cueva,
le mandó cerrar la puerta,
y el serrano, muy astuto,
la dejó un poco entreabierta.
Al entrar en su escondrijo,
vio un montón de calaveras,
de hombres que había matado
aquella terrible fiera.
¡Tú alégrate, serranillo,
buena noche nos espera!
De conejos y perdices
le guisó una rica cena.
Bebe, serranillo, bebe,
agua de esa calavera,
que puede ser que algún día
otros, de la tuya beban.
Dime, serranillo, dime :
-¿sabes tocar la vihuela?
– Sí señora, si lo sé
y el rabel, si lo tuviera.
Tú tocarás el rabel.
Yo tocaré la vihuela.
Pensó dormir al serrano
y el serrano durmió a ella.

Serrana 4
Mirador de la Serrana: Monumento a la Serrana de la Vera (foto jjferia).

Apenas la vio dormida
salió corriendo hacia fuera;
pero pronto despertó
aquella maldita fiera.
Mucho rato va corriendo
sin atrás volver cabeza
pero cuando la volvió
como si no la volviera.
Vio de venir la serrana
saltando de piedra en piedra,
con una honda en la mano,
bramando como una fiera.
Puso una china en la honda
que pesaba arroba y media,
y con la fuerza que lleva
le ha quitado la montera.
Vuelve, serranillo, vuelve,
vuelve atrás por la montera,
que es de paño rico y fino ,
y no es razón que se pierda.
Si es de paño rico y fino,
así se estila en mi tierra;
mis padres me compran otra
y si no, me estoy sin ella.
Por Dios te pido, serrano,
que no descubras mi cueva;
que si acaso la descubres
puede ser que en ella mueras.
Que tu padre fue pastor,
Que tu madre fue una yegua,
Que tu padre comía pan,
Que tu madre comía hierba.
Tu padre será el caballo,
Tu madre será la yegua
Y tú serás el potrillo
que relinche por la sierra.

Romance anónimo

La sensualidad sanguinaria de la Serrana del romance popular impresionó a autores dramático del s. XVII como Lope de Vega y Vélez de Guevara, quienes la trasformaron en personaje literario: En “La Serrana de la Vera o de Plasencia”, de Lope de Vega, la protagonista de nombre Leonarda escapa a la sierra debido a un desengaño amoroso, donde comete una serie de tropelías. En  “La Serrana de la Vera” de Luis Vélez de Guevara, la serrana se llama Gila, es natural de Garganta la Olla. A pesar de su “hombría”, es de una extrema belleza femenina. Su atractivo físico acaba llamando la atención de un capitán que se hospeda en casa de su padre Giraldo. Este soldado la seduce y más tarde la abandona. Tal desdén provoca que la aldeana planee vengarse, venganza que hace extensible a todos los hombres. Gila huye al monte y actúa en él como una bandolera. La obra tiene un final trágico, con la muerte de Gila tras cumplir su venganza.

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Lazarillo de Tormes

Lazarillo 2

Episodio del toro de piedra

Anónimo: La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades


IMÁGENES: Estatua del Lazarillo y el ciego, verraco vetón en el puente romano de Salamanca (jjferia)

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Lazarillo 1
Escultura de Lazarillo y el ciego junto al río Tormes (foto jjferia).

EPISODIO DEL «TORO DE PIEDRA»

Salimos de Salamanca, y, llegando a la puente, está a la entrada de ella un animal de piedra, que casi tiene forma de toro, y el ciego mandóme que llegase cerca del animal, y, allí puesto, me dijo:

—Lázaro, llega el oído a este toro y oirás gran ruido dentro de él.

Yo simplemente llegué, creyendo ser así. Y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y diome una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada, y díjome:

—Necio, aprende, que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo.

Y rió mucho la burla.

Parecióme que en aquel instante desperté de la simpleza en que, como niño, dormido estaba. Dije entre mí: «Verdad dice éste, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer».

Comenzamos nuestro camino, y en muy pocos días me mostró jerigonza. Y, como me viese de buen ingenio, holgábase mucho y decía:

—Yo oro ni plata no te lo puedo dar; mas avisos para vivir muchos te mostraré.

Y fue así, que, después de Dios, éste me dio la vida, y, siendo ciego, me alumbró y adestró en la carrera de vivir.

Anónimo:
Lazarillo de Tormes (Tratado primero, fragmento).

Lazarillo de Tormes
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Lazarillo 3
Verraco de piedra vetón junto al puente sobre el río Tormes (foto jjferia).

 

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