Tierra de vaqueiros

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VAQUEIROS DE ALZADA

Víctor de la Serna: «Nuevo viaje de España». La ruta de los foramontanos


Imágenes: Parque Natural de Somiedo, concejo asturiano de Somiedo (foto jjferia)

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«A la venida del verano, y este es el segundo medio para la multiplicación de sus ganados, se ponen en movimiento todos estos pueblos para buscar los montes altos de León y sus frescas  yerbas. Estuvo en algún tiempo arreglado el día de la partida y de la vuelta de San Miguel a San Miguel, esto es, desde el 8 de mayo al 29 de setiembre. Ya en esto como en todo son libres, y así como atrasan su vuelta hasta san Francisco, suelen retardar su partida hasta san Antonio, Llegado este plazo, alzan y abandonan del todo sus casas y heredades, y cada familia entera, hombres y mujeres, viejos y niños, con sus ganados, sus puercos, sus gallinas y hasta sus perros y gatos, forman una caravana y emprenden alegremente su viaje, llevando consigo sus fortuna y su patria, si así decirse puede de los que nada dejan de cuanto es capaz de interesar a su corazón no corrompido por el lujo y las necesidades de opinión. Otra cosa bien digna de notarse en estas expediciones es que el ganado vacuno sirve también para el transporte aun con preferencia a los caballos o rocines. Vería usted que sobre las mullidas y entre los mismos cuernos de los bueyes y vacas, suelen ir colocados, no solo los muebles y cacharros, sino también los animales domésticos y hasta los niños, inhábiles para tan largo camino. No conociendo el uso de los carros ni permitiéndolos la aspereza de los lugares que habitan, ni la altura de los vericuetos que atraviesan, fían sus prendas más caras a la mansedumbre de aquellos animales que la providencia crió para íntimos compañeros del hombre, y en cuya índole dócil y laboriosa colocó la naturaleza el mejor símbolo de la unión y felicidad doméstica. En las montañas, su vida se acerca más al estado primitivo, pues ni tienen casas, haciendo la estación menos necesario el abrigo, ni se afanan mucho por su subsistencia, hallando en la leche de sus ganados un abundante y regalado alimento. Sin embargo, como el principal motivo de esta emigración sea la escasez de pastos, las familias de aquellas brañas cuyos términos son más anchos y fecundos no mudan sus hogares, o tal vez se parten quedando algunos individuos con cierto número de cabezas, y trashumando los demás a las montañas con el restante armentio, que así llaman a la colección de sus ganados. En ambos casos, llegado al sitio, se adelantan los más robustos, vuelven a hacer la siega de los prados, y ponen en bálagos la yerba, en lo que tienen muy grande esmero, como he podido observar por mí mismo.A la entrada de octubre vuelve la caravana con su fortuna y penates, y  colocándolos en el hogar primitivo, pasan allí la cruda estación más guarecidos y no menos libres y dichosos». Gaspar Melchor de Jovellanos: Sobre el origen y costumbres de los vaqueiros de alzada

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Ganado bovino pastando en la braña de Mumián (foto jjferia)

VAQUEIROS DE ALZADA

Los vaqueiros de alzada son una clase distinta de asturianos que se dedican a la ganadería vacuna y, llegado el verano, “alzan” sus hogares con sus “fortunas y penates”, como decía enfáticamente el ilustre Jovellanos, y van a pasar el verano a los altos puertos de la cordillera. Viven en unas pequeñas agrupaciones que no merecen el nombre de pueblos, y que conocen en el país con el nombre de “brañas”. Braña quiere decir lugar alto y empinado.

La zona de las brañas y, por tanto, la de su retaguardia veraniega que son las veranizas de los puertos, se extiende entre los ríos Nalón, Narcea, Pigüeña y Somiedo, por el Este, y el gran río Navia, casi en los confines de Galicia, por el Oeste. Están situadas las brañas por agrupaciones no mayores de cuarenta o cincuenta casas, a media distancia entre la cordillera y el mar. Algunas llegan casi a la costa. El número de habitantes de estas agrupaciones será, en total, de unos cuatro millares.

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Cabaña vaqueira de teito en la Braña de Mumián (foto jjferia).

Las casas de las brañas apenas podían llamarse casas hace veinte años, y tenían que ser reparadas a la vuelta del verano. Mas bien eran unas chozas. Ahora son ya casas permanentes, algunas buenas y en no pocas puede oírse por las noches un aparato de “radio” y por los días una máquina de coser. Los vaqueiros tienen ahora más dinero, y tienen otra cosa, gracias a Dios, que les ha nacido en el corazón de sus paisanos (el resto de los asturianos): caridad.

Porque todo esto que estoy contando, lector, no pasaría de ser una simple curiosidad demográfica si no hubieran sido los vaqueiros hasta nuestros días uno de esos grupos humanos injusta y bárbaramente estigmatizados, perseguidos, despreciados y hasta maltratados que todavía quedan en algunos repliegues de esta Europa que, siendo el trozo más civilizados del planeta, todavía guarda en los pliegues de sus montañas o en los “guetos” de sus ciudades formas o discriminación de razas. […]

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Iglesia de Las Morteras en el concejo de Somiedo (foto jjferia)

Nadie podría decir de dónde nacen estas situaciones, que llegan a puntos de histeria increíbles, tales como el de señalar para los vaqueiros un lugar distinto en el templo, igual que en la iglesia primitiva se hacía con los catecúmenos. El cronista no quería creer en esto. Pero, a pesar de la piadosa precaución del cura de San Martín de Luiña, que ha colocado hábilmente los bancos de la iglesia, de modo que tapen el letrero infamante, el cronista ha visto, embutida en el pavimento de aquel templo, una fuerte viga de roble con varias advertencias. Una para que se sepa dónde se entierran los niños de la nobleza y del estado llano. Otra para que se sepa que allí están enterrados ciertos jerarcas. Y dos, tremendas: Una para advertir así: “NO PASSAN DE AQUÍ A OIR MISA LOS BAQUEIROS.” Y otra aún más cruel: “AQUI SE ENTIERRAN FORASTEROS Y BAQUEIROS.” Los aldeanos no trataban con los vaqueiros para nada, y nadie recuerda, si no es a precio de repudio familiar, que una aldeana, por pobre que fuera, se casara con un vaqueiro, por rico que fuera.

Se ha dicho de ellos, como de los maragatos, de los pasiegos y de algunos otros grupos diferenciados, que son razas distintas. Los eruditos locales han fantaseado alocadamente sobre la materia, con un verdadero alarde de ignorancia de la ciencia histórica. Se ha dicho de los vaqueiros que eran restos de una colonia de esclavos romanos. Y hasta que son judíos refugiados. Ya el sapientísimo Jovellanos destruyó mucho de esas leyendas, y con aquella clarividencia propia de lo que era —un hombre excepcional, aunque algo enfático, como su época—, se pregunta si los vaqueiros no son un resto de nativos celtas o celto-escitas que no se sometieron a nadie, sobre todo en lo fiscal. Ni a Roma, ni a los suevos, ni a los visigodos, ni a la monarquía española. Yo creo que por ahí anda la cosa. […]

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Braña de La Peral cerca del puerto de Somiedo (foto jjaferia).

Vimos por primera vez vaqueiros en Somiedo, en Santa María del Puerto de Somiedo, que es una estación invernal de estos bravos astures. Santa María del Puerto es el San Bernardo de la divisoria. Este poblado y La Peral (en otra banda de la cordillera) quedan desiertos en invierno. Sólo permanecen metidos en la casa más fuerte dos vecinos, dos vaqueiros. El más viejo y el más joven. Son los guardianes de esta braña alta, que no se puede dejar abandonada del todo porque tiene edificios permanentes. Los dos guardianes hacen la ronda diariamente. Tienen una provisión de viandas, de agua y de su poquillo de vinete de cangas, agrillo y malo, pero, ayudado con un poco de aguardiente, mantiene al hombre dentro de cierto tono. Cuando hay una de esas feroces nevadas que borran los caminos, sepultan los pueblos y tienden sobre las alturas esas blandas y frías soledades del invierno astur, cada dos horas suena una campana. Su onda va rodando sobre las noches o los días, igualmente crueles, como una voz angélica. A veces el viandante perdido tarda en orientarse. A veces no se orienta, por las traiciones del viento, y sucumbe a la dulce muerte somnolienta de la nieve, a poca distancia del refugio. Los dos vecino tienen que tener buen oído, buena vista y mucha experiencia del temporal para no aventurarse en salidas inútiles y mortales. El oído y la vista los pone el zagalón. La experiencia, el rústico senador vaqueiro, que a la hora de trazar un plan para salvar al semejante cuyo grito de socorro apenas se oye, cuyo perro aúlla —y hay que saber cuándo aúlla un perro y cuándo aúlla un lobo—, no se cambia entonces por un senador romano.

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Lagos de Saliencia (Somiedo): Lago de la Cueva (foto jjferia).

Y lo bueno, compañero, es que cuando suena uno de esos gritos, el senador y el zagal nunca han sabido si era de vaqueiro o era de aldeano. Por eso era tan bárbara, tan injusta y tan estúpida la discriminación. Nadie podría imaginar el día de la Virgen de Septiembre, cuando estuvimos en la feria de Somiedo el compañero y uno, que aquella alegre gente con aire sano y rico era la primera generación, acaso, que, después de siglos, recobraba la libertad, la igualdad y la fraternidad. (Perdón por el trío, pero me ha salido así acaso porque es verdad.)

Belmonte (Miranda), 1 octubre 1954

Víctor de la Serna (1896-1958): Nuevo viaje de Espala. La ruta de los foramontanos

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Cabaña vaqueira de teito en la Braña de Mumián (foto jjferia).
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