Extramuros de Ávila

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  • TEXTO: Extramuros de Ávila, fragmento (Miguel de Unamuno: Andanzas y visiones españolas).
  • IMÁGENES: Extramuros de la ciudad amurallada de Ávila, estatuas de Santa Teresa (foto jjferia).

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EXTRAMUROS DE ÁVILA
Fragmento

Aparecióseme una vez una vez más la ciudad de Ávila, Ávila de los Caballeros, Ávila de Teresa de Jesús, ciudad vertebrada. En aquel campo rocoso, entre berruecos, que son como huesos de esta tierra de Castilla, toda ella roca, donde la gea domina a la flora y a la fauna, rocambre que es fuego cristalizado. Cincha a la ciudad el redondo espinazo de sus murallas, rosario de cubos almenados, y como un cráneo, una calavera viva —la gloria mayor del rosario—, en lo alto la fábrica de la catedral, cuyo ábside cobija recovecos de misterio interior, allí, entre las bermejas columnas. Ciudad, como alma castellana, dermato-esquelética, crustácea, con la osamenta —coraza— por de fuera, y dentro de la carne, ósea también a las veces. Es el castillo interior de las moradas de Teresa, donde no cabe crecer sino hacia el cielo. Y el cielo se abre sobre ella como la palma de la mano del Señor.

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Ciudad amurallada de Ávila desde los Cuatro Postes (foto jjferia).

Fuera sin embardo, del redondo espinazo ciudadano alza San Vicente su severidad románica; fuera, Santo Tomás su recogimiento, donde duerme —¿sueña?— el príncipe D. Juan, el que llevó a la tumba una dinastía que pudo haber sido un porvenir que nunca fue, una realeza entrañadamente española, de roca, que no de cepa castiza. Y fuera de aquellas murallas, un miércoles, 5 de junio de 1465, viese un acto para siempre memorable Más oigamos a nuestro padre Mariana, el jesuita bravo, nuestro Tácito.

Los alborotados en Ávila acordáron de acometer una cosa memorable: tiemblan las carnes en pensar una afrenta tan grande de nuestra nacion, pero bien será se relate para que los Reyes por este exemplo aprendan à gobernar primero à sí mismos, y despues à sus vasallos, y adviertan quántas sean las fuerzas de la muchedumbre alterada, y que el resplandor del nombre Real y su grandeza, mas consiste en el respeto que se le tiene, que en fuerzas; ni el Rey (si le miramos de cerca) es otra cosa que un hombre con los deleytes flaco, sus arreos y la escarlata ¿de qué sirve sino de cubrir como parche las grandes llagas y graves congoxas que le atormentan?  Si le quitan los criados, tanto mas miserable; que con la ociosidad y deleytes mas sabe mandar que hacer, ni remediarse en sus necesidades. La cosa pasó desta manera: Fuera de los muros de Ávila levantáron un cadahalso de madera en que pusiéron la estátua del Rey D. Enrique con su vestidura real y las demás insignias de Rey, trono, cetro, corona; juntáronse los Señores, acudió una infinidad de pueblo. En esto un pregonero à grandes voces publicó una sentencia que contra él pronunciaban, en que relatáron maldades y casos abominables que decian tenia cometidos. Leíase la sentencia, y desnudaban la estátua poco à poco, y à ciertos pasos, de todas las insignias reales: últimamente con grandes baldones le echáron del tablado abaxo.

Así, mediado el siglo XV, en las afueras de Ávila de los Caballeros. Las recias murallas, calentándose al sol desnudo de Castilla, se estremecieron acaso en su meollo viendo ese ejemplo de caballerosidad altanera.

[…]

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Monumento a Santa Teresa de Jesús en el exterior del recinto amurallado (foto jjferia).

Libertad fue a buscar al claustro Teresa de Jesús, consuelo de deleitarse en aquel castillo interior, «pues sin licencia de los superiores —dice— podéis entraros y pasearos por él a cualquier hora». Dentro del cincho de piedra de las murallas de su ciudad nativa soñó la Santa, reinando Carlos I, el César flamenco, santa libertad. Seis años tenía la Santa de Ávila cuando, cincuenta y seis después de la afrenta que hacía temblar las carnes sólo de pensarla, rendían sus cabezas en Villalar los comuneros de Castilla. Y cayó sobre ésta un grave sueño imperial. Segismundo, rezongaba remusgándose dentro de un seto berroqueño. «Y teniendo yo más alma, ¿tengo menos libertad?», clamaba.

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Murallas de Ávila, puerta y espadaña del Carmen (foto jjferia).

A mil varas sobre el ras del mar, cuna de libertad, y todo él sendero, sobre los huesos de esta tierra crustácea de Castilla, durme y sueña sus recuerdos, dentro del rosario de sus murallas —gloria final la catedral gótica—, Ávila de los Caballeros, de los caballeros que desnudaron la estatua del rey D. Enrique.

Miguel de Unamuno (1864-1936): Andanzas y visiones españolas

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Según la tradición aquí encontró Don Pedro a sus sobrinos Teresa y Rodrigo cuando huían a tierra de moros buscando el martirio (foto jjferia).

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