Monasterio de Guadalupe

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  • TEXTO: Guadalupe (Miguel de Unamuno: Por tierras de Portugal y España).
  • IMÁGENES: Fachada, claustro y templete del Monasterio de Guadalupe; plaza, fuente y panorámica de La Puebla (foto jjferia).

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CANTAR
Sennora, por quanto supe
Tus acorros, en tí espero,
E a tu casa en Guadalupe
Prometo de ser romero.
Tu muy dulçe melesina, fueste sienpre a cuytados,
E acorriste muy ayna a los tus encomendados:
Por ende en mis cuidados e mi prision tan dura,
Vesitar la tu figura fue mi talante primero.
Sennora, por quanto supe
Tus acorros, en ti spero,
E a tu casa en Guadalupe
Prometo de ser romero.
En mis cuytas todavía sienpre te llamo, Sennora,
O dulçe abogada mia, e por ende te adora
El mi coraçon agora, es esta muy grant tristura,
Por él cuydo auer folgura e conorte verdadero.
Sennora, por quanto supe
Tus acorros, en tí spero,
E a tu casa en Guadalupe
Prometo de ser romero.
Tú, que eres la estrella que guardas a los errados,
Amansa mi querella e perdon de mis pecados,
Tú me gana, e oluidados sean por la tu mesura,
E me lieua aquel altura do es el plaser entero.
Sennora, por cuanto supe
Tus acorros, en tí spero,
E a tu casa en Guadalupe
Prometo de ser romero.
López de Ayala (1332-1407): Rimado de Placio

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Claustro del Monasterio de Guadalupe y templete mudéjar

MONASTERIO DE GUADALUPE

¡Cuán lejos estaba yo de estas entre eruditas y piadosas elucubraciones cuando surgió a mis ojos, tras largo y penoso viaje, la fábrica del famoso monasterio! ¡Con qué ojos lo mirarían aquellos esforzados extremeños que al volver de las Indias Occidentales del Nuevo Mundo emprendían su devota peregrinación al santuario, enriquecidos con despojos de la Conquista!

Allí se alzaba, carcomidos por los siglos sus muros de mampostería, severo y señorial, sobre fondo de verdura. Su exterior tiene, ciertamente, poco que admirar como obra arquitectónica; es la posición y el lugar lo que le da realce.

El pueblo de Guadalupe, que rodea y abraza al monasterio, es uno de esos típicos pueblos serranos llenos de encanto y de frescura. Sus soportales, su fuente, sus calles con entrantes y salientes y voladizos balcones de madera, sus casas señoriales, su sello, en fin, de reposadero.

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Vista parcial de Guadalupe y su monasterio

El monasterio, hoy muy deteriorado, ofrece aún al visitante su magnífica iglesia, con una de las más hermosas verjas de hierro forjado que pueden verse, sus dos claustros, su relicario, su sacristía. En uno de los dos claustros, mudéjar, con muy pintoresco templete en el centro, sentía una vez más la tentación que en parecidos sitios me asalta: la de abandonar estas luchas y trabajos en que estoy metido y darme en ver pasar la vida en meditación y en sosiego. Pero…

Pero la joya del monasterio, lo que ello sólo merece todas las penalidades del viaje, lo que ha de hacer de Guadalupe lugar de peregrinación de los amantes del arte, es la soberbia colección de cuadros de Zurbarán, que en su sacristía se guardan. Hay que ir allá para conocer a nuestro gran pintor extremeño. Diez grandes cuadros de más de cuatro varas de alto por tres de ancho algunos, unos algo menores y varias tablas pequeñitas.

[…]

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La Puebla de Guadalupe: Plaza y fuente de los tres caños

Hermosísimo es, sin duda, cuanto el arte humano puede aún ofrecernos en Guadalupe; mas es más hermoso aún lo que allí la naturaleza nos ofrece. Subimos a Mirabel, dependencia del monasterio, y bajamos de allí por medio de uno de los más espesos y más frondosos bosques de que en mi vida he gozado. Jamás vi castaños más gigantescos y más tupidos. Y nogales, álamos, alcornoques, robles, quejigos, encinas, fresnos, almendros, alisos junto al regato, y todo ello embalsamado por el olor de perfumadas matas.

Desde el alto de Mirabel, tendido al pie de la Cruz del Mentidero, contemplaba las líneas de las sierras de los montes de Toledo, como series de bambalinas de un diurno teatro,y a un lado la llanada de Cáceres encendida por el sol. De todas partes afluía paz de vida. Y allí, en aquel repliegue que hacen las montañas, al pie de las enhiestas y desnudas Villuercas, en aquel espeso castañar ahora en candela, ¡qué bien se descansará, luego de haber merecido el descanso con una vida de combates, esperando una muerte dulce y natural en el seno de la Naturaleza!

Miguel de Unamuno (1864-1936):
Por tierras de Portugal y España

Guadalupe
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