Madrigal de las Altas Torres

Madrigal_2
  • TEXTO: En Madrigal de las Altas torres (Camilo José Cela: Judíos, moros y cristianos) – Castilla adentro (Alonso Zamora Vicente: Libros, hombres y paisajes).
  • IMÁGENES: Murallas y torres, plaza del Cristo, iglesias y vista general de Madrigal de las Altas Torres (foto jjferia).

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Sin oír otro ruido que el de los propios pasos avanzamos por la calle anchurosa, y en un recodo que conduce a la plaza vemos algunas casas modernas, construidas con la vulgaridad que rabiosamente desentona en las poblaciones de noble vejez. En la plaza irregular, desnivelada, se ven por un lado soportales que guarecen míseras tiendas; por otro la mole adusta de la parroquia principal, de escaso interés arquitectónico; más allá otra iglesia vulgar y corpulenta. De esta plaza arrancan calles angostas y costaneras que conducen a la población baja, donde alienta el alma histórica de Madrigal de las Altas Torres. Los habitantes, que, sin duda, son en corto número, se esconden en sus casas… Aquí atisban mujeres desde altos respiraderos al modo de ventanas; allí salen chicos que se brindan a enseñar el pueblo… Interviene un hombre, entre señor y campesino, de buenos modos, que espanta a los muchachos y saluda a los forasteros con grave cortesía; les indica, por la calle abajo, un edificio mal escondido entre árboles. “Allí, allí es…” dice, y sigue su camino. Vuelven los rapaces, y por ellos se advierte que la tradición más viva en Madrigal es la del famoso pastelero. PÉREZ GALDÓS (Recogido por Azorín en «El paisaje de España visto por los españoles».

EN MADRIGAL DE LAS ALTAS TORRES

En Madrigal de las Altas Torres, arruinado romance, nació aquella novilla montaraz que se llamó, tan bárbaramente, Isabel la Católica. En Madrigal de las Altas Torres, soldado en quiebra, expiró su postrer aliento aquel ruiseñor herido que se firmó tan tímido, fray Luis. En Madrigal de las Altas Torres, paladín ya viejo, lloró aquella paciente hormiguita que se nombró, tan ejemplar, el Tostado. En Madrigal de las Altas Torres, halcón a tierra, el verdugo mandó para el otro mundo a aquel grillo con manía de grandezas que se dijo, ¡pobre Gabriel Espinosa, de oficio dulcero!, el rey don Sebastián de Portugal, perdido en tierra de moros.
En la plaza, un viejo está sentado al sol con la bragueta llena de moscas. El vagabundo que, por ser de todo, hasta probó, sin buenos resultados,a hacerse médico, recuerda que don Florito, un auxiliar de la facultad de medicina de la universidad de Santiago, solía decir: si ven ustedes un viejo sentado al sol y con moscas en la bragueta, ya se sabe: diabetes. El viejo, se conoce que para recordar, está apoyado en la columnilla que, según dice, marca el lugar donde ejecutaron al pastelero.

Madrigal_5
Monumento a la reina Isabel la Católica y palacio de Juan II (foto jjferia)

—!Hola, buen día!
—Los hay peores…
Fray Luis pidió —y a su encierro del capítulo se lo llevaron— una estampa de la Virgen, para disponerse a bien morir; un cuchillo, para partir el pan, y unos polvitos de misteriosa y monjil receta, para espantarse las melancolías.
—¿Es de Arévalo?
—No, señor.
En el caserón que, desde hace cuatrocientos años, es convento de agustinas, nació la reina Isabel. En el mismo año que la reina tomó Granada, un protegido suyo descubrió América y otro, Nebrija, se sacaba de la manga la gramática castellana.
—¿Es de Cantalapiedra?
—No, señor.
la casa en que nació el Tostado estuvo frente a san Nicolás, la iglesia en donde, según dicen, fue bautizada Isabel. San Nicolás es la única torre, no tan alta, de Madrigal de las altas Torres. Quizás el nombre le venga, a Madrigal, de las torres de la muralla, que el tiempo se comió.
—¿Es de Medina?
—No, señor.
Isabel la Católica metió en religión, dícese que a políticas patadas, a las hijas naturales de don Fernando, su marido. Tanto monta, monta tanto.
—¿Es de Peñaranda?
—No, señor.
Do José Zorrilla tuvo mejor fortuna con Don Juan Tenorio que con Traidor, inconfeso y mártir. El viejo de las moscas se engalló.
—Entonces, ¿de dónde puñeta es usted?
—¡Ah!

Madrigal_2
Recinto amurallado con dos de sus torres y puerta de Arévalo (foto jjferia).

Las cuatro puertas que quedan de Madrigal de las Altas Torres, se llaman: de Medina, la del norte; de Peñaranda, la del sur; de Arévalo, la del este; de Cantalapiedra, la del oeste.
—¿No me lo dice?
—No.
El viejo de la diabetes se puso hecho un basilisco y rompió a regurgitar semejantes ofensas, que el vagabundo, para no pegarle una patada en las moscas, tuvo que recordarse el respeto siempre debido a los mayores. El vagabundo, que no tenía ganas de meterse en ningún belén, se fue del pueblo por el camino de Barromán.
—!Caray con el viejo, qué modales!
A mil pasos de Madrigal de las Altas Torres, el vagabundo volvió la cabeza. Recostándose sobre el horizonte de un resayo, hidalgo venido a menos, se veía morir, minúscula, gloriosa y triste, la Muy Noble Imperial y Coronada Villa del Madrigal de las Altas Torres. Para don benito Pérez Galdós, Madrigal de las Torres y Viana, en la ribera de Navarra, eran los dos más vetustos y sepulcrales pueblos de toda España.

Camilo José Cela (1916-2002): Judíos, moros y cristianos.

MADRIGAL DE LAS ALTAS TORRES

Madrigal de las Altas Torres. Alucinante ruina en la soledad ancha de Castilla. Las torres aún disimulan su grandeza bajo los rasguños del tiempo y las murallas circulares van desmoronándose perezosamente. Fuera del recinto se ve el viejo caserón palacio, ya un montón de escombros retorcidos, ulcerados. Los cubos de la muralla salen, a trechos, sobre el flaco caserío, marcando la huella de una desesperada arqueología. Polvo, nubes de polvo contra la lejanía azul de los montes. Todo el pueblo tiene un aire espectral, enajenado. El auto para delante de la puerta oeste de la muralla, recién restaurada -¿por qué esa obra tan fragmentaria, que no hace más que consagrar la muerte casi total del resto?- El cemento chilla entre el rojo oxidado del ladrillo viejo. Imposible destacar en la memoria los recuerdos egregios de este pueblo (Isabel la Católica, fray Luis de León, el famoso pastelero), tumultuosamente convocados. Ver la decrepitud de esta ciudad, aún con su estructura circular, aún rescatable de la amenazadora ceniza, es una congojosa tortura. Madrigal de las Altas Torres, devorado por la tierra, aplastándose día a día en la desolación de la llanura, qué desorientado viento la rodeará febrero arriba. Alonso Zamora Vicente (Libros, hombres y paisajes).

Leer más

Pinterest_logo

wikiloc

Inicio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s