Desfiladero de los Gaitanes

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  • TEXTO: La Marina de Andalucía, La Hoya de Málaga (Víctor de la Serna: Nuevo Viaje de España; La vía del calatraveño).
  • IMÁGENES: Desfiladero de los Gaitanes, tajo de la Encantada y embalse en el río Guadalorce. El Chorro, Álora, Málaga (foto jjferia).

LA HOYA DE MÁLAGA
Fragmento (Los Gaitanes y el Caminito del rey)

El camino se encrespa a partir de Álora. Se anuncia la sierra. Y la sierra hace una inesperada aparición Wagneriana: A la vuelta de un recodo comparecen, rectos, inmensos, de color de ante, con zapatos bermejos, lo Gaitanes; unas moles calcáreas en cuyos pliegues crecen como restos de una hecatombe vegetal unos pinsapos resistentes, imbatidos por los vientos, los siglos y el hombre. Los Gaitanes tienen una personalidad geológica en la Penibética, como los Picos de Europa la tienen en la Cantábrica. El desfiladero por donde vamos a aventurarnos se parece en proporciones, si no en dimensiones, al de Cares.

Yo no sé lo que es un gaitán. Puede ser un accidente geológico, puesto que hay el Gaitan grande y el Gaitan chico. Lo he preguntado pero no me han sabido responder.

Los Gaitanes y su famoso Pantano del Chorro no son solamente el final de una maravillosa excursión cómoda (y con comida decorosa al final en la cantina del pantano), sino el comienzo de tres aventuras: dos del hombre, una del río.

El Conde de Guadalhorce, don Rafael Benjumea (de la estirpe de los Ben Humeya, árabes rubios por la sangre goda de un afortunado cruce), fue el hombre más tenaz y constante de su tiempo. Al sujetar los dos río con la gran presa creó un lago en el que hoy se bañan las garzas reales y los flamencos rosados como nácares.

La otra aventura del hombre es la de verdear la sierra, la de sujetar con el bosque nuevo las tierras huidizas que acabarían por elevar el nivel del suelo y secarle en dos centurias. Esta aventura es de los ingenieros de Montes, la brava escuadra dirigida por un foramontano de Osorno, Adolfo García Vicente, que vino hace veinticinco años a Málaga «a pasa un mes» y ha plantado millones y millones de árboles, ha transformado dunas en vergeles y ha creado junto al mar uno de los espacios más inteligentes, más ungidos por la gracia y por el gusto: su hogar.

La tercera aventura es la del río. Para ponerla al alcance del hombre el conde de Guadalhorce colgó una pasarela a media altura de un Gaitán (400 metros de corte a pique sobre la cabeza de uno, otros 400 a pique a los pies), en una extensión de cuatro kilómetros y medio. El otro Gaitán, el grande, queda enfrente. Con buena cabeza se hace el recorrido en poco más de una hora. Sólo hay un ensanchamiento: El Hoyo.

Se oye arriba un grito, el de las águilas, y abajo otro, en el paredón de enfrente: el del tren, que aflora también entre túneles y puentes. Parece de juguete.

La soledad, sólo rayada por estos gritos elementales, sobrecoge. Es una soledad teatral, romántica; pero tan verdadera, reduce tanto las elevaciones de la soberbia que se convierte en un estado religioso. De estados semejantes debieron de nacer muchos salmos. A uno no le sale nada: bisbiseos todo lo más.

Abajo, en la sima, casi es de noche; en la pasarela atardece y empieza a hacer frío. Arriba un sol bermejo dora el yelmo rupestre del Gaitán grande y se despide.

Ya es de noche en la Casa del Chorro, un fuego de sabinas y cepas viejas nos recibe.

Víctor de la Serna:
Nuevo Viaje por España (La Vía del Calatraveño)

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