Cristo de la Vega

Cristo de la Vega 2
  • TEXTO: A buen juez mejor testigo, fragmento (José Zorrilla: Poesías).
  • IMÁGENES: Ermita e imagen del Cristo de la Vega, Toledo (foto jjferia).
Resumen del romance basado en la leyenda toledana del Cristo de la Vega: Inés de Vargas era hija de un noble toledano. Un día el padre sorprende al joven Diego Martínez en el aposento de su hija. La joven solicita que lave con el matrimonio su honra mancillada. El galán arguye que dentro de un mes partirá a la guerra de Flandes, pero que pronto estará de vuelta para casarse con ella. Desconfiando ella le exige un juramento ante el Cristo de la Vega. "Diego, ¿juras a tu vuelta desposarme?" Contestó el mozo: "¡Sí juro!", y ambos del templo se salen. Pasa el tiempo y don Diego no regresa, mientras tanto, tras haber intervenido en inauditas hazañas de guerra, ascendió a capitán de los Tercios. Por fin se produjo el anhelado regreso, pero el caballero ya había olvidado su promesa. La joven entonces apela a la justicia. El gobernador requirió la presencia de don Diego Martínez que negó haber jurado casarse con Inés de Vargas. Ante la falta de testigos, el altivo capitán queda en libertad. La desventurada Inés recordó entonces que hubo un testigo: el Cristo de la Vega. Una comitiva numerosa se dirigió a la ermita toledana:

A BUEN JUEZ, MEJOR TESTIGO

VI

Está el Cristo de la Vega
la cruz en tierra posada,
los pies alzados del suelo
poco menos de una vara;
hacia la severa imagen
un notario se adelanta
de modo que con el rostro
al pecho santo llegaba.

A un lado tiene a Martínez,
a otro lado a Inés de Vargas,
detrás al gobernador
con sus jueces y sus guardias.

Después de leer dos veces
la acusación entablada,
el notario a Jesucristo,
así demandó en voz alta:

Jesús, Hijo de María,
ante nos esta mañana,
citado como testigo
por boca de Inés de Vargas,
¿juráis ser cierto que un día
a vuestras divinas plantas
juró a Inés Diego Martínez
por su mujer desposarla?

Asida a un brazo desnudo
una mano atarazada
vino a posar en los autos
la seca y hendida palma,
y allá en los aires: “¡Sí, juro!”
clamó una voz más que humana.

Alzó la turba medrosa
la vista a la imagen santa…

Los labios tenía abiertos
y una mano desclavada.

José Zorrilla: 
A buen juez, mejor testigo.

A buen juez...
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