Cuatro Postes

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  • TEXTO: Capítulo I, fragmento (Santa Teresa de Jesús: Libro de su vida).
  • IMÁGENES: Convento de Carmelitas Descalzas, monasterio de la Encarnación, humilladero de los Cuatro Postes y ciudad amurallada.

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Una piadosa tradición sitúa en el humilladero de los Cuatro Postes la escena en que Francisco de Cepeda, tío de Teresa de Jesús, encontró a la santa y a su hermano Rodrigo cuando estos prenendían huir de casa para sufrir martirio en tierra de moros. Supuesta peripecia idealizada a raíz de esta inocente ocurrencia que nos refiere la santa al evocar su más tierna infancia.

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Perspectiva de la ciudad de Ávila desde el humilladero de los Cuatro Postes (foto jjferia).

CÓMO EMPEZÓ EL SEÑOR A DESPERTAR ESTA ALMA EN SU NIÑEZ A COSAS VIRTUOSAS

Pues mis hermanos ninguna cosa me desayudaban a servir a Dios. Tenía uno casi de mi edad, juntábamonos entrambos a leer vidas de Santos, que era el que yo más quería, aunque a todos tenía gran amor y ellos a mí. Como veía los martirios que por Dios las santas pasaban, parecíame compraban muy barato el ir a gozar de Dios y deseaba yo mucho morir así, no por amor que yo entendiese tenerle, sino por gozar tan en breve de los grandes bienes que leía haber en el cielo, y juntábame con este mi hermano a tratar qué medio habría para esto. Concertábamos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor de Dios, para que allá nos descabezasen. Y paréceme que nos daba el Señor ánimo en tan tierna edad, si viéramos algún medio, sino que el tener padres nos parecía el mayor embarazo.

Espantábanos mucho el decir que pena y gloria era para siempre, en lo que leíamos. Acaecíanos estar muchos ratos tratando de esto y gustábamos de decir muchas veces: ¡para siempre, siempre, siempre! En pronunciar esto mucho rato era el Señor servido me quedase en esta niñez imprimido el camino de la verdad.

De que vi que era imposible ir a donde me matasen por Dios, ordenábamos ser ermitaños; y en una huerta que había en casa procurábamos, como podíamos, hacer ermitas, poniendo unas pedrecillas que luego se nos caían, y así no hallábamos remedio en nada para nuestro deseo; que ahora me pone devoción ver cómo me daba Dios tan presto lo que yo perdí por mi culpa.

Hacía limosna como podía, y podía poco. Procuraba soledad para rezar mis devociones, que eran hartas, en especial el rosario, de que mi madre era muy devota, y así nos hacía serlo. Gustaba mucho, cuando jugaba con otras niñas, hacer monasterios, como que éramos monjas, y yo me parece deseaba serlo, aunque no tanto como las cosas que he dicho.

Santa Teresa de Jesús (1515-1582): Libro de su Vida

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Según la tradición aquí encontró Don Pedro a sus sobrinos Teresa y Rodrigo cuando huían a tierra de moros buscando el martirio (foto jjferia).

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