De Horcajo a Nuñomoral

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LAS HURDES

Miguel de Unamuno: “Andanzas y visiones españolas”


Imágenes: El Gasco y el valle del río Malvellido en Las Hurdes (foto jjferia)

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El Gasco y La Fragosa en el Valle del Río Malvellido (foto jjferia).

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Cuando entramos en Horcajo hirió lo primero mi vista, como ya en Las Erias me pasó, las macetas de flores en ciertos salientes de las casucas. Bien se conocía que estábamos en Extremadura, donde se rinde a las flores mucho mayor culto que en Castilla. Y vi en Horcajo, al entrar de improviso en él, las hurdanas lavando a sus chiquillos. Y arrullándolos con maternales caricias.

Una de las cosas que más han llamado mi atención en las Hurdes es la gran cantidad de niños preciosos, sonrosados, de ojillos vivarachos, que he visto. Luego se estropean en aquella terrible lucha por el miserable sustento. Y es curioso también ver las grandes diferencias de unos a otros. Paréceme que el tipo medio como si se borrase. Junto a hombres entecos, esmirriados, raquíticos, se ven recios mocetones quemados del sol, ágiles y fuertes, y junto a pobres mujerucas, prematuramente decrépitas, encuéntrase muy garridas y guapas mozas.

Desde Horcajo, para pasar al Gasco, al valle -o, mejor que valle, barranca-, en cuyo fondo corre el río de Fragosa, una imponente cuesta. Desde lo alto, abierto el pecho, respirando a todo pulmón el aire de las cumbres, se veía allá abajo el que dicen el volcán de las Hurdes. No voy a hablaros de él, ni de las cascadas. Otros han dicho muy bien de esto.

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Vista parcial de El Gasco en el Valle del Malvellido (foto jjferia).

Esta barranca del río Fragosa, este valle central de las Hurdes, es lo más miserable de éstas. Difícilmente se encontrará peores poblados que el Gaseo, Fragosa, Martilandrán. Al atravesar el Gaseo por aquellas infernales callejuelas, entre aquellos hombres ceñudos y negros, me asomé a la puerta de un casuco. La carita, fresca como una rosa y brillante como un lucero, de una niña, hacia resaltar la hórrida y sucia negrura de aquella zahúrda.

Y siempre las quejas. «Por aquí debía venir el rey a comer lo que comemos», decía una mujer que, si no era vieja, lo parecía. Y decíalo en muy claro y muy neto castellano. Porque eso de que ladren o poco menos, es otra patraña. Hablan castellano, y lo hablan muy bien. Y no huyen de los visitantes. Al contrarío, acércanse a ellos a pedirles cigarrillos y por si cae alguna perrilla que les remedie.

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Meandros del río Malvellido entre El Gasco y La Fragosa (foto jjferia).

Por fragosísimo sendero, desde el Gaseo a Fragosa. Y aquí a bajar al río, a darnos un baño en su lecho de rocas redondeadas y dulcificadas por el agua. Un agua clara, tibia, rumorosa, soleada. «¡No hay agua como la de aquí!» — decían con orgullo. Y esto ío oímos en las Hurdes por dondequiera. La tierra es misera, dura, pedregosa; pero, ¿aguas? ¡No las hay mejores en el mundo!

Esto mismo dirán, me figuro, aquellos pobres enanos cretinos y con papera de la alquería colgada de la cumbre. Como los otros, los de los conceptos destilados y sin sal alguna, dicen: «¡No hay ¡deas como las nuestras, como las ideas puras!»

Junto al lugar del baño, a la sombra de unos castaños y al son del canto del agua, nos pusimos a comer. Bajó una buena parte del pueblo, mozos y mozas sobre todo, y nos rodearon en tertulia. Logré un muy halagüeño éxito poniéndome a dibujar. «¡Y lo hace sin máquina, como escribiendo!» Un chicuelo hizo gala de su conocimiento en lectura. Y un mozo, ya hombre, fuerte, limpio, garboso, de nombre Bernardo, nos mostró lo claro y vivo de su inteligencia. El pobre hurdano ansiaba conocer las lenguas de los distintos reinos —nos oyó hablar francés—, correr tierras, ver mundo, salir de las fragosidades de Fragosa. Sabia que para ir a Roma por tierra hay que pasar por Francia. Mas de seguro que si sale volverá a su pobre Fragosa, a la miserable alquería tan heroicamente arrancada a los furores de la madrastra, allá, entre sus pobres olivos, su huertecillo de patatas, sus cabritas enanas. ¿Por qué?

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Camino del chorro de la Miacera en las cercanías d El Gasco (foto jjferia).

De Fragosa, pasando junto a la alquería de Martilandrán, pero sin entrar en ella, a Nuñomoral. ¿Para qué habíamos de entrar en uno más de esas miserables mazorcas de tugurios? ¿A qué conduce apurar el espectáculo de la miseria? Además, no íbamos a hacer estadística, ni menos sociología. Y Dios les libre a las Hurdes de que caiga en ellas un sociólogo.

Nuñomoral, en una vega algo más extensa que lo son en los barrancos de las Hurdes, es ya otra cosa que esas miserables alquerías que acabábamos de atravesar. Hay, si, en Nuñomoral viviendas deplorables; pero junto a ellas se alzan algunas excelentes casas modernas.

Miguel de Unamuno (1864-1936): Andanzas y visiones españolas

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Chorro de la Miacera en El Gasco (foto jjferia)
Las Hurdes
Ver el álbum en Flickr (foto jjferia)

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