Cerro del Mirón

Antonio se consagra al cuidado de su esposa gravemente enferma y alquila una casita en el paseo de la ermita del Mirón ya que para que su recuperación le recomiendan aire puro. Todos los días se les ve a los dos en el paseo hacia la Ermita, en una imagen definida, por muchos, como de una enorme tristeza y patetismo
  • TEXTO: CXIX, CXX, CXXI, CXXII, CXXIII (Antonio Machado: Campos de Castilla).
  • IMÁGENES: Estatuas de Antonio Machado y de Leonor en Soria. Ermita y Monumento al poeta y su esposa en el cerro del Mirón. (Foto jjferia).

Antonio se consagra al cuidado de su esposa gravemente enferma y alquila una casita en el paseo de la ermita del Mirón ya que para que su recuperación le recomiendan aire puro. Todos los días se les ve a los dos en el paseo hacia la Ermita, en una imagen definida, por muchos, como de una enorme tristeza y patetismo

CXIX
Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.
CXX
Dice la esperanza: un día
la verás, si bien esperas.
Dice la desesperanza:
sólo tu amargura es ella.
Late corazón, no todo
se lo ha tragado la tierra.
CXXI
Allá en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños…
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.

CXXII
Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!…
Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!
CXXIII
Una noche de verano
—estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa—
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
—ni siquiera me miró—,
con unos dedos muy finos,
algo muy tenue rompió
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón,
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!

Antonio Machado (1875-1936):
Campos de Castilla (CXIX – CXXIII)

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Antonio se consagra al cuidado de su esposa gravemente enferma y alquila una casita en el paseo de la ermita del Mirón ya que para que su recuperación le recomiendan aire puro. Todos los días se les ve a los dos en el paseo hacia la Ermita, en una imagen definida, por muchos, como de una enorme tristeza y patetismo

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