Villa de las siete puertas

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  • TEXTO: La villa de las siete puertas (Camilo José Cela: Judíos, moros y cristianos) – Cancionero apócrifo (Lope Robledo, eterónimo de Antonio Machado).
  • IMÁGENES: Iglesia del Salvador, Plaza de España y vista general de Sepúlveda desde el páramo (foto jjferia).

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El emplazamiento de la iglesia sobre la ciudad es admirable (foto jjferia)

LA VILLA DE LAS SIETE PUERTAS

El vagabundo entra en Sepúlveda por el barrio de Santa Cruz, que está a la orilla derecha derecha del Duratón, en el camino  que va hasta Borceguillas.

Sepúlveda, mirada desde donde se la mire, tiene un aire vetusto y noble, guerrero y medieval, con algo de Toledo, desde lejos: quizás su situación: algo de Cuenca, desde cerca: es posible que subiendo la pina ladera como cabras, y algo de Santillana del Mar desde dentro: quién sabe si su profusa heráldica.

La mejor Sepúlveda es la que queda dentro de las murallas o, mejor dicho, la que en tiempos quedó, ya que hoy las murallas son poco más que un recuerdo. A Sepúlveda se entraba por siete puertas: la de la Villa, la del Río, la de Duruelo, la de Castro o de Sopeña, la de la Fuerza, la del Torno o del Postiguillo y la del Ecce-Homo o del Azogue. Sepúlveda llegó a tener quince iglesias parroquiales de las que solo quedan tres: la de Santa María de la Peña, patrona de la villa, de traza románica, a la que fueron agregadas las de Santo Domingo y de San Millán; la de Santiago, que se tragó a las de San esteban, San Andrés y San Juan, y la de San Bartolomé, en el arrabal, que absorbió a la de San Gil. Fueron suprimidas cuatro parroquias, la del Salvador, con su bella arcada románica, la de San Justo, con sus nobles enterramientos, la de San Martín, la de Santa Eulalia, la de San Pedro y la de San Sebastián. En el arrabal de Santa Cruz, está la ermita de San Marcos.

El castillo de sepúlveda está en medio del pueblo y detrás de la Plaza Mayor y, aunque ruinoso, todavía conserva esbelta y fuerte la silueta. Esta Plaza Mayor, con el castillo al fondo, la pintaron Solana y Zuloaga en sus lienzos de toros. El castillo, a lo lejos, también se ve en el cuadro Mujeres de Sepúlveda, de don Ignacio.

Camilo José Cela (1916-2002): Judíos, moros y cristianos.

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Castillo e iglesia del Salvador desde la Plaza de España (foto jjferia).

Tiene el pueblo siete llaves

para siete puertas.

Son siete puertas al campo,

la siete abiertas.

Antonio Machado: Cancinero apócrifo

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Iglesia románica del Salvador en el altozano (foto jjferia)

SEPÚLVEDA: LA VILLA

Sepúlveda es el encuentro de mayor importancia artística y ambiental que tendremos en esta parte de nuestro viaje. Para empezar está el espectáculo sorprendente de su aparición en un foso del páramo y a caballo sobre el serrijón intermedio que erosionan y adornan con verdores insólitos el Duratón y el Castilla. Las hoces de estos ríos riegan, en efecto, unos huertecillos entre paredes altas rugosas, perforadas a los lados de Sepúlveda. No faltan fantasías.

Donde el serrijón acaba y los ríos se juntan, un altozano imita la forma de una silla de montar. El caserío cubre y oculta su jumento calcáreo y desde lo alto del páramo se le ve de una vez, reunido en el espacio que aún limitan en parte sus viejas murallas, hermoso en su vetustez abigarrada, todo en un mismo color de ocre rosa empolvado.

La entrada es por una revuelta muy pina. Se pasa un arco y se llega a la plaza, que es irregular y extraordinaria. El castillo es de una extravagancia estupenda. Delante, una fachada sencilla, del seiscientos, con balconaje y escudo sobremontado por el reloj. Encima los tres cubos redondos, decrépitos, con una espadaña sobre el central que casi siempre lleva un nido de cigüeña encima y una solana rústica a la izquierda. El resto de la plaza es caserío con soportales, con un juego de casonas y torres asomando por el fondo y con la sierra apareciendo por encima. En ese extremo, y al cabo de una escalinata, se ve, la iglesia de San Bartolomé, que aún conserva un bonito y pequeño ábside románico, con sus columnas de refuerzos y sus impostas y canecillos de labra muy simple. Las calles son laberínticas pero es fácil encontrar las cuatro joyas románicas en cuya busca iremos viendo unas cuantas fachadas buenas, de arquitectura noble, una de las cuales, vecina a la iglesia de Santiago, es de estupenda sillería y preciosos volumen.

La iglesia del Salvador está en alto, destacándose, desde el plinto de la torre, sobre el caserío. El ábside se levanta sobre una base que se diría más antigua y a partir de ella suben las columnas de apoyo, interrumpidas por una imposta que entra bajo el arranque de los arcos de ventanas. A la derecha, un cuerpo adicional esconde una parte del ábside. La torre se levanta cuadrada, sólida, con sus caras limpias de adorno. La galería se abre al Sur y tuvo seguramente codo por la fachada occidental. La que vemos es de ocho arcos por grupos de dos, separados los arcos por columnas dobles y los grupos por pilastras prismáticas. El interior es de una nave muy sencilla, con bóveda de cañón sobre pilastras apoyadas. El emplazamiento de la iglesia sobre la ciudad es admirable…

Dionisio Ridruejo (1912-1975): Segovia (Castilla la Vieja)

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Panorámica del caserío de la ciudad desde lo alto del páramo (foto jjferia).

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